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El
policía que arrestó a los Cinco participó en el complot para asesinar al
Fiscal Anderson
Jean-Guy Allard
Política de doble rasero
La redes terroristas que tienen refugio en los
Estados Unidos
Rosa Miriam Elizalde y José
Pertierra
Llamamiento contra el
terrorismo y en defensa de la humanidad
Revelan conexión entre
terroristas cubanoamericanos y prolongación de Operación Cóndor
Entrevista con el
General de División (r)
Fabián Escalante Font
Manuel Alberto Ramy
El terrorismo
impune
Desde Calatayud hasta Montaner
Jean-Guy Allard
Ponencia
"Encuentro Internacional Contra
el terrorismo, por la verdad y la justicia”
Belén Gopegui
En México
Mafia,
droga y tráfico de ilegales
Hedelberto López Blanch
Welcome Home
Bambi
Ricardo Alarcón de Quesada
Luis Posada Carriles (para sus íntimos Bambi), no es un
tipo cualquiera. Es algo más bien raro, excepcional, casi único.
Hace ya más de un mes que desembarcó en Miami sin permiso, sin visa ni
documentos legales y anunció, por medio de su abogado y de sus amigos,
que se propone instalarse en esa ciudad y desde allí continuar su larga
carrera criminal. Rellenó el formulario correspondiente, incluyó su foto
y le estampó su firma solicitando admisión como asilado político en
Estados Unidos e hizo saber que, cuando lo considere oportuno, visitará
las oficinas de Inmigración y se encontrará con los periodistas.
Entretanto disfruta la vida, pasea, se reúne con sus secuaces y lee los
diarios, escucha la radio y mira la televisión locales que no cesan de
hablar de él, mostrar su rostro y recordar sus numerosas fechorías.
En los medios aparecen otras noticias. En las semanas transcurridas
desde el regreso de Posada, Estados Unidos ha gastado centenares de
millones de dólares para impedir la entrada de extranjeros
indocumentados.
Incontables agentes del FBI o de la “migra” irrumpen en fábricas y
hogares exigiendo papeles a quienes parezcan latinos o extranjeros en
una búsqueda incesante y miles de inmigrantes han sido encarcelados o
expulsados a sus países de origen.
El 20 de abril, Posada y cualquiera en Miami, pudo ver en vivo y en
directo por un canal de televisión de esa ciudad a Santiago Alvarez –el
entrañable amigo de más de cuarenta años, el que lo sacó de Panamá
cuando le dieron el vergonzoso indulto, el que fue a buscarlo a Islas
Mujeres y lo trajo hasta Miami, el hijo de su viejo compinche de los
dorados días de Batista- frente a las cámaras, locuaz, arrogante,
seguro. Lo vieron reconocer abiertamente, sin vacilar, que era él,
Santiago Alvarez la misma persona cuya voz había mostrado la televisión
cubana impartiendo órdenes para que alguien destruyera con dos poderosas
cargas de explosivo C4 el cabaret Tropicana y despedazara a quienes allí
estaban: turistas, artistas, trabajadores. En ese programa afirmó y
reafirmó que Luis Posada Carriles, no sólo está en territorio
norteamericano sino en un lugar específico, en su ciudad tan querida, en
Miami. Lo vieron explicar que Posada, desde que salió de Panamá hasta
que se trasladó a Miami, se había desplazado libremente según sus deseos
y que se presentaría a las autoridades federales y a la prensa cuando le
pareciera conveniente.
Al mismo tiempo, otro canal informaba que ese mismo día las autoridades
habían recogido 77 mexicanos desfallecidos en el desierto de Arizona,
cerca del sitio donde, según el periodista, no mucho antes habían
encontrado 232 cadáveres. Mientras en la CNN había un programa que
diariamente dedica la mitad del tiempo a la inmigración ilegal aunque
aún, extrañamente, no ha entrevistado a Posada. Según CNN en el último
año más de 20 mil solicitudes de asilo fueron rechazadas por Estados
Unidos.
El caso de Posada es diferente. Jamás tuvo que vadear el río Bravo ni se
le ocurrió nunca atravesar el desierto de Arizona. Para paseos siempre
ha preferido Miami. Los 20 mil, además, fueron buscados y capturados por
los agentes federales. A él nadie ha ido a buscarlo. No tiene motivo de
queja. Los 20 mil no se sabe quiénes son, nadie los ha visto en la
televisión, ni tienen amigos conocidos. Posada es diferente, tiene
abogado, se sabe dónde está y quiénes lo protegen y nadie ha ido a
molestarlo a él ni a hacerles preguntas a sus amigos a pesar de que
ellos mismos hablan a la prensa todos los días.
Hay otra diferencia mucho más importante. Ninguno de esos 20 mil fue
acusado, con pruebas aplastantes, de haber hecho estallar un avión civil
en pleno vuelo; ninguno de ellos ha permanecido prófugo de la justicia,
la que no pudo emitir un veredicto final sobre el horrendo acto; ninguno
de ellos se fue de la cárcel a trabajar directamente para la Casa Blanca
y el Departamento de Estado en una operación encubierta e ilegal que se
convirtió en el escándalo Iran-contra; ninguno de ellos ha torturado y
ejecutado a revolucionarios venezolanos y centroamericanos; ninguno de
ellos ha dirigido acciones terroristas en Cuba –que provocaron muertes y
heridas imborrables- ni lo han reconocido públicamente, como él, primero
al New York Times y luego en una entrevista emitida por una televisora
norteamericana; ninguno de ellos organizó un atentado terrorista contra
el presidente Fidel Castro donde habrían muerto también centenares de
estudiantes en el paraninfo de la Universidad de Panamá; ninguno de
ellos fue entrenado en la Escuela de las Américas del Ejército gringo,
ni fue convertido en un experto en explosivos, ni ha sido un veterano
oficial de la CIA, ni ha tenido vínculos tan estrechos con gente
importante desde la Casa Blanca hasta los servicios especiales
norteamericanos. No, no se parecen en lo absoluto.
Ya lo dijo su abogado Eduardo Soto que él, Posada, ha realizado
servicios muy importantes para Estados Unidos durante más de cuatro
décadas que le hacen merecedor del asilo y la residencia legal en ese
país. Y no sólo eso. Soto declaró que lo de Posada será resuelto
rápidamente, con prioridad, no tendrá que esperar por la interminable
lista de quienes allá llegaron antes que él.
Por algo los otros, -decenas de miles-, están encarcelados y él, Posada,
anda suelto por Miami haciendo lo que le venga en ganas.
Para millones de inmigrantes que huyen de la pobreza y la miseria,
Estados Unidos es un espejismo inalcanzable, la quimera de una vida
mejor. Muchos, perseguidos sin tregua en una verdadera cacería humana,
son tiroteados o expulsados diariamente, sin contemplaciones, devueltos
a la desesperanza y el abandono en sus países de origen. Otros, que
nadie ha contado, eternamente anónimos, lo perdieron todo y, muertos sin
sepultura, fueron devorados por el desierto. Y son miles los que
languidecen en las prisiones de un sistema carcelario cruel y racista.
Posada no. El es un hombre afortunado. Ha vuelto a casa. Cómo él mismo
dijera al New York Times “nunca he tenido problemas para entrar a
Estados Unidos”. No problem. Welcome home.
Ricardo
Alarcón es el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la
República de Cuba
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