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| Martí no
exageró cuando vio en Estados Unidos el peligro mayor para Nuestra
América Rosa Miriam Elizalde |
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Cintio y Fina |
Este diálogo no tuvo ni cuestionario, ni temas
predeterminados, salvo la concertación tácita de que nos
encontrábamos, como siempre que uno visita la casa de
esta pareja de martianos tenaces y lúcidos, a la vera
del Apóstol de la Independencia de Cuba. Cuando eso
ocurre, por supuesto, se toman caminos y atajos
diversos, aunque todos lleven al mismo punto. El
problema es después apretarlos en las cuartillas:
“Escribir es escoger; hablar es dejar correr”, como
afirmó José de la Luz y Caballero y se recordó
durante la entrevista, a propósito del riesgo de hablar
libremente, siguiendo el curso de un pensamiento que
puede pecar de reiteraciones e ideas no totalmente
acabadas. Sin embargo, “escoger” en el río deslumbrante
que es una conversación con Fina García Marruz y Cintio
Vitier, ha sido para mí, verdaderamente, una tortura.
Entre otras razones porque aún cuando queden las
palabras, faltarán la ternura de Fina, su duelo cariñoso
-de esgrimista, diría Cintio- para que se entienda
exactamente qué quiso decir. Y, también, la bondad de
Cintio, la paz de su casa, la inteligencia de ambos y la
sensibilidad en todo lo que los rodea.
LA PATRIA
Cintio:
¿Qué es la patria? Martí dijo aquello que siempre se
cita: “Patria es Humanidad”; sí, pero dijo otra cosa:
“La patria no es el objeto de unos cuantos tercos…” Eso
es muy interesante, porque es casi una defensa de sí
mismo. Y dijo también: “la patria es cosa divina”. Me
di cuenta de una cosa: la patria no es la nación, no es
el Estado, no es el país. La patria es la patria; una
obviedad, que no es tal. La patria es algo por lo que un
hombre es capaz de morir y también ese algo que está en
un pequeño sabor y en un gran combate. Es el dulce de
guayaba y la Batalla de Las Guásimas, ¿te das cuenta? La
patria es algo mínimo y máximo. No es la naturaleza,
exclusivamente. Muchos de los que se han ido de Cuba se
llevaron con ellos la patria. Me refiero a los buenos
cubanos. No son miserables y fanáticos todos los que se
fueron o se los llevaron, muchos de ellos víctimas de
errores –como esos niños de la Operación Peter Pan,
espanto ocurrido en los primeros años de la Revolución,
en el que estuvo vinculada la Iglesia.
Di una conferencia mínima –últimamente estoy escribiendo
en el estilo bijirita-, que titulé “Fe, Patria y
Poesía”. Ahí me pregunto qué cosa es la patria y por qué
en muchas regiones del mundo se relacionan las
apariciones de la Virgen con la patria. La Virgen de
Guadalupe es México; la Virgen del Pilar es España, en
particular Zaragoza… Con esta virgen culmina la rebelión
zaragozana, descrita también en El Siglo de las Luces,
de Carpentier. Ese libro está lleno de iluminaciones.
En 1916, miles de mambises pidieron a la Santa Sede que
considerara a la Caridad del Cobre como la Patrona de
Cuba. Muchos de ellos eran masones, que no practicaban
ninguna religión en particular, pero creían en la
Caridad del Cobre, una imagen de la Virgen que flotaba
sobre el mar, en medio de la “furia del elemento”, como
cantaba Miguelito Cuní. La encontraron unos pescadores,
los tres Juanes de la devoción popular - el negro, el
indio, el criollo-, y este hecho es el principio de la
primera integración religiosa que se da en América.
Es decir, que de pronto me encontré con el enigma de la
patria. Todos sabemos qué cosa es, pero no
racionalmente. En el buen sentido de la palabra, es un
misterio, una fe. Algo a lo que se llega por una
circunstancia misteriosa. Te repito: algo que puede ser
al mismo tiempo un sabor y una batalla; una costumbre
placentera –un baile- y un sacrificio; un olor y un
holocausto… Cuando uno se acerca se da cuenta de que es
algo tremendo. Y esa fe, ese misterio, habita en
creyentes y ateos por igual. Para mí un ateo que muere
por el bien de la humanidad es como un mártir cristiano.
No veo la diferencia, francamente.
EL RUMOR DEL ALMA CUBANA
Cintio:
Ha aparecido en este país un sacerdote, el Padre
dominico Jesús Espeja profesor de Teología en la
Universidad Pontificia de Salamanca. Es amigo personal
de Frei Betto, de los hermanos Leonardo y Clodovis Boff,
de Gustavo Gutiérrez, fundadores de la Teología de la
Liberación. Vino a Cuba por unos días y se ha quedado
por años, trabajando en la barriada de la Iglesia de
Jesús Obrero… Él está propiciando una serie de
conferencias y encuentros en San Juan de Letrán, la
iglesia donde él reside en Cuba. Él ha llamado,
generosamente, estas conferencias: “El rumor del alma
cubana”, y ha invitado a varios estudiosos marxistas,
como el doctor Jorge Luis Acanda, profesor de la
Universidad de La Habana. No es nada que se le pueda
echar en cara. Es un catolicismo puro, de gran apertura.
Se ignora esta raíz de nuestra nacionalidad, en un grado
tal que uno se queda asombrado. Yo estoy en esa
batallita hace tiempo, y tú lo sabes.
Recientemente, me invitó Eduardo Torres Cuevas a su
taller “Los que pensaron a Cuba”, dedicado al Padre
Félix Varela, en el Centro Hispanoamericano de Cultura.
Di una conferencia bastante extensa y luego hubo
debates, como también los hubo en San Juan Letrán, donde
Alfredo Guevara hizo esta preciosa pregunta: ¿por qué,
si tantas cosas nos acercan, estamos tan separados?
El socialismo está presente en los Evangelios, con
independencia de las creencias trascendentes. Ayer el
Padre Espeja estuvo a ver a Armando Hart ¹, y parece que
fue muy buena la entrevista. Espeja es un hombre de
profundas convicciones religiosas y, también,
profundamente revolucionario. Hombre de infinita fe. De
eso se trata. Y como yo también he tratado de transitar
por ese camino, muchas veces bastante solo, hemos sido
captados por el Padre Espeja, que tiene una excelente
relación de amistad con los marxistas. Él siempre lo
dice: “me gusta más hablar con los ateos que con los
creyentes.” Dios quiera que eso se logre saber en todos
los ámbitos.
Este ejemplo lo está dando Chávez. Él es creyente. No sé
si viste su intervención por la televisión, en
diciembre. A su lado había un militar –el Comandante
General del Ejército venezolano Raúl Isaías Baduel- con
un rosario en la mano; estaba como rezando. Cuando
Chávez lo nombró, él se puso de pie con su rosario en la
mano.
Chávez y Fidel le hicieron un hermoso homenaje a Martí y
a Bolívar. Por ahí está la salvación de América. Sin la
menor duda. Chávez ha sido muy calumniado, pero cada vez
crece más. Tiene una elocuencia muy de él, muy especial,
y una memoria histórica muy fresca y musical -¡cómo
canta las coplas de Florentino y el Diablo, que el
pueblo venezolano tan bien conoce! Versos en que se ve
también la pasión por la naturaleza americana. A
nosotros nos las cantaba Julián Orbón, cuando llegó de
Caracas, después de recibir un premio de un jurado que
integró Heitor Villalobos
LA CONCILIACIÓN
Cintio:
Tengo que agradecerle a Hart su comprensión en torno a
esa relación entre el pensamiento revolucionario de
Martí y el mensaje social de la revelación judeo-cristiana,
con su radical exigencia de justicia y amor entre los
hombres. Tanto Hart, como otros dirigentes
revolucionarios, hablan con naturalidad sobre lo que le
debemos a la enseñanza de Jesús de Nazaret. Es un tema
que me apasiona y me preocupa. No se trata de defender
fanatismos de ninguna especie. La Revolución está
madura. Si en un principio se justificaba este
distanciamiento, porque había mucha confusión, ya hoy no
tiene sentido. Metodológicamente hablando, Martí nos
ofreció la mejor fórmula posible desde que en plena
juventud, durante la sesión sobre materialismo y
espiritismo celebrado en el Liceo Hidalgo de México el 5
de abril de 1875, declaró: "Yo vengo a este debate con
el espíritu de conciliación que norma todos los actos de
mi vida." Sin mengua de sus convicciones, que se
inclinaron hacia la constante interrelación de espíritu
y materia, eludía así el interminable debate teórico,
buscando siempre una conciliación, no teórica ni
filosófica quizás imposible, sino una conciliación para
la acción conjunta, para los fines de la vida, que en la
dedicatoria de Ismaelillo llamó "el mejoramiento
humano, la vida futura y la utilidad de la virtud".
Si respetamos a Martí en su integralidad, veremos no
sólo el mandato de un antimperialismo radical y de una
toma de partido por "los pobres de la tierra" que tanto
nos compromete, sino también el puente ideal para que,
más allá de polémicas divisionistas, podamos unirnos
"todos los hombres de buena voluntad" (a los que él
convocó al fundar el Partido Revolucionario Cubano) en
la búsqueda y realización común de la justicia, el amor
y la belleza.
Él nos decía: " quien ni a Homero, ni a Esquilo, ni a la
Biblia leyó ni leyó a Shakespeare, -que es hombre no
piense, que ni ha visto todo el sol, ni ha sentido
desplegarse en su espalda toda el ala.” El legado
griego, el mensaje judeocristiano, el umbral
renacentista de la modernidad, están en esas raíces
culturales del humanismo integrador martiano.
Creo que lo más importante es la superación de esquemas
sectarios que durante décadas retardaron la apertura a
una visión y revisión desprejuiciada del fenómeno
religioso en nuestra sociedad. Por otra parte, la
institución religiosa de mayor peso histórico en nuestro
país, la Iglesia Católica, no ha sido ajena a la trampa
de los encastillamientos.
Se cometieron injusticias basadas en dos equivocaciones:
creer que la religiosidad era incompatible con la
Revolución. Doy testimonio de eso porque soy católico,
lo que me costó algunas indiferencias y, como se diría,
algunos rasguños en ese tiempo, como a otros compañeros
de la misma fe.
La otra equivocación fue la persecución de los
homosexuales. Yo quisiera que alguien me explicara: ¿qué
relación tiene la homosexualidad con el marxismo? Que yo
sepa Marx nunca se pronunció en ese tema. Eliseo Diego,
que tenía mucho sentido del humor, me decía que se
estaba fabricando una especie de marxismo-victoriano, de
la época del puritanismo inglés, que tanto le costó al
pobre Oscar Wilde, quien siendo homosexual, recibió los
elogios de José Martí. Eso fue un descomunal error. Sin
embargo se ha superado totalmente. Pienso que esa es la
mayor fuerza de la Revolución: su capacidad de
rectificación.
FIDEL Y LA RELIGIÓN, DE FREI BETTO
Cintio:
Estoy convencido de que ese libro fue un gran esfuerzo
para allanar la conciliación. El propio Fidel ha dicho
que la cultura religiosa no es asunto exclusivo de las
Iglesias, como la cultura política no es asunto
exclusivo de los Partidos. Le
escuché a Fidel más de una vez: “el que traiciona al
pobre, traiciona a Cristo”. También dijo algo muy
importante y sencillo, como son todas las grandes
verdades: “algo me enseñaron los jesuitas: la diferencia
entre el bien y el mal”. Imagínate tú.
La Cultura con mayúscula es una y pertenece toda al
pueblo. Ni la filosofía, ni las artes, ni la economía,
ni la política pueden entenderse a cabalidad sin el
conocimiento del contenido y la historia de las
religiones. Ninguna ignorancia es buena. No hablamos de
proselitismo sino de información objetiva, aunque cierta
inevitable atracción hacia las propias convicciones,
siempre que no atenten contra la unidad del pueblo, es
un derecho de conciencia.
Si decimos que somos hijos del Padre Varela, de José de
la Luz y de Martí, tanto como de Céspedes, Gómez y
Maceo, demos el lugar que ellos ganaron a sus
convicciones para nuestra cultura nacional, incluyendo
la masonería revolucionaria tan bien estudiada por el
profesor Eduardo Torres-Cuevas a propósito de Maceo, y
desde luego las religiones que hoy llamamos religiones
cubanas de origen africano, que en tiempos de Martí aún
no se habían estudiado a fondo.
RELEYENDO A MARTÍ
Cintio:
Siempre estoy releyéndolo y yo pido a los cubanos que no
lean a Martí convertido en consignas, en cintillos, en
frases sueltas. Tenemos que hacerlo esperando sorpresas,
que estas siempre están ahí… En estos días, releo
algunas cosas que escribí, un poco vanidosamente. Acaba
de salir el tomo seis de mis Obras –que yo llamo
incompletas, porque ¿cómo van a estar
completas las obras de alguien incompleto, por favor?-.
También releo los dos primeros tomitos de mis Temas
Martianos, que fueron el resultado de nuestros 15
años de trabajo –de Fina y mío-, en la Sala Martí de la
Biblioteca Nacional, antecedente del CEM. La Sala fue
una iniciativa de Manuel Pedro González, quien propuso
su creación en 1967, durante un congreso celebrado en
Varadero dedicado al centenario de Rubén Darío. A Manuel
Pedro le hicimos recientemente, más que un homenaje, un
desagravio. Fue injustamente tratado y llegaron a
hacerle acusaciones inverosímiles.
Por iniciativa de Fidel –con Armando Hart entonces como
Ministro de Cultura-, en 1976 se creó el Centro de
Estudios Martianos y nos pidieron a nosotros, después de
un eclipse de varios años, que fuéramos los directores
de la Edición Crítica, la cual pasó luego a manos
de ese muchacho magnífico, Pedro Pablo Rodríguez. Esa
es, a mi juicio, la principal labor que está haciendo el
Centro hoy.
Por supuesto, este análisis de la religiosidad martiana
es uno de los que se debaten en el CEM. Si vamos a
hablar de la cultura general integral, si vamos a hablar
de cultura martiana, hay que tomar como paradigma, como
guía, la cultura de José Martí y en esta tiene un lugar
preponderante la cultura religiosa. No solo aquella que
viene de la religión cristiana o católica, sino que
admiró también las grandes figuras de la Iglesia
católica y de la Iglesia protestante en Estados Unidos.
Es el caso de Ralph Waldo Emerson, Bronson Alcott, Henry
David Thoreau…, todos ellos fueron muy admirados por
Martí. Como lo fue Santo Tomás de Aquino, quien asumió
simultáneamente la Razón y la Fe, cosa que vino a Cuba
con el Padre Félix Varela.
El Padre Varela no inventó esa conciliación. Eso venía
desde la Edad Media, y estoy defendiendo la Edad Media,
para salvar, como decía Federico Engels, la
“concatenación histórica”. Si no se entiende la Edad
Media, no se entiende la historia. ¿Puede llamársele
oscura a ella sola? ¿Cuándo ha habido más oscurantismo y
más horror en el mundo que en esta época?
Fina:
En Carpentier, El Siglo de las Luces es un título
más bien irónico, como el de su novela El recurso del
método…
Cintio:
Fíjate cómo Alejo Carpentier le pasó la cuenta a la
Ilustración y al Siglo de las Luces, que trajo a América
la guillotina para los esclavos. De ese aspecto de la
gran obra de Alejo no se habla mucho tampoco. No se
habla de figuras extraordinarias que se dieron durante
todos esos siglos. No se habla de la reflexión de Martí,
cuando distingue “los cinco siglos puros del
cristianismo”. ¿Qué ideología, qué movimiento, qué
religión ha tenido cinco siglos puros? Fueron siglos de
persecución, desde el martirio de San Esteban hasta el
Edicto de Milán, proclamado por el emperador
Constantino, en que el cristianismo se convirtió en
religión oficial del Imperio, alianza siempre peligrosa…
Antes, acabaron con los mártires y con todo lo que
pudieron acabar.
LA CRÍTICA DEL SACERDOTE INDIGNO
Cintio:
“Hombre de campo” no es un texto de Martí
antirreligioso, sino contra el sacerdote indigno que
pueden apoyar los cristianos. Allí el elogio de Cristo
es absoluto. Y termina, lo que se recuerda menos, “¡Hay
otro Dios!”
Fina:
De Cristo dijo: “el hombre de más idealidad del
Universo”. Reiteradamente manifestó su creencia en un
Dios creador, en la agonía de las "fuerzas sin empleo"
que es el centro de los Versos libres, donde se
llamó "Cristo roto" y "Cristo sin cruz”. Disfrutó
deleites de contemplativo en la que llamara "la tarde de
Emerson", a cuyos pies depositó “la espada de plata”.
Después de este homenaje, desde luego, Martí empuñaría
esa espada, que era la de los hijos de Bolívar”, la de
los héroes de "los claustros de mármol". En su carta
testamento literario sentenciaría: "En la cruz murió el
hombre un día: pero se ha de aprender a morir en la cruz
todos los días", y en su última arenga a la tropa
mambisa exclamó: "Por Cuba me dejo clavar en una cruz".
Y por otra parte, como dice Cintio, Martí no desdeñó las
religiones prehispánicas. Recuérdese su boceto de la
estatua de Chac-Mool -acerca de él intentó escribir una
obra dramática…
Cintio:
No hay modo de presentar una imagen real de la
concepción de la cultura que tuvo José Martí sin incluir
la dimensión religiosa Se trata de la religiosidad en
general, del cristianismo, del budismo, del hinduismo,
de la mitología en las religiones prehispánicas, de las
cuales los cubanos no sabemos nada. ¿Qué cultura
integral puede haber si no conocemos los orígenes de
nuestra América? Los indios en Cuba desaparecieron,
tuvieron una escasa presencia histórica, pero ahí está
esa gran herencia de la cultura de los aztecas, los
tamanacos, incas, nahuas…
EL GRAN SEMÍ
Cintio:
Eso fue muy importante en la formación de Martí y está
muy relacionado con su viaje a Caracas en enero de 1881.
Cuando llega allí, conoce a Arístides Rojas ² –que
apenas se sabe de él, y me asombra-. Él fue la fuente de
José Martí en asuntos de la religiosidad prehispánica.
Gracias a los estudios científicos de Rojas, se encariñó
mucho con los tamanacos, de donde proviene la imagen
martiana del Gran Semí, descrito en el Génesis de los
tamanacos. Según estas escrituras, a consejo o
inspiración del Padre Amalivaca y su mujer, que fueron
los únicos sobrevivientes de un diluvio –y este al
parece existió realmente, porque todas las culturas lo
testimonian-, se logró salvar al género humano. Esta
pareja salió del diluvio lanzando a sus espaldas
semillas de la palma moriche –la palma venezolana- y por
cada semilla, nació una pareja, padres de quienes hoy
pueblan la Tierra. Fíjate que según esta tradición
nacieron el hombre y la mujer juntos. Eso a Martí le
encantó, y habló de ello.
Muchas de las imágenes del ensayo Nuestra América
están tomadas de las mitologías prehispánicas. Cuando
Martí se refiere al “aldeano vanidoso” que vive “sin
saber (…) de la pelea de los Cometas en el Cielo, que
van por el aire dormidos engullendo mundos”, se hace
eco de las asociaciones indígenas indicadas por Rojas en
sus estudios sobre las lenguas americanas. El mito de
Amalivaca fue utilizado admirablemente por Martí para
cerrar ese ensayo. Allí introduce el emblemático
cóndor, sobre cuyo lomo va sentado el Gran Semí que regó
“la semilla de la América nueva”. Si no se conoce esto,
¿cómo se puede entender este pasaje?:
¡Porque ya suena el himno unánime; la generación
actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los
padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a
Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, que regó el
Gran Semí, por las naciones románticas del continente y
por las islas dolorosas del mar, la semilla de la
América nueva!
Los cubanos tenemos que conocer de dónde provienen
asociaciones como estas, permanentes en la obra
martiana, porque de lo contrario no podríamos entender
las raíces de Venezuela, Chile, Bolivia, Perú…
Conociéndolas, la amistad con esos países podría ser
mucho más profunda de lo que es. Martí conoció y supo
todo lo que se podía saber en esa época. Se identificó
con los nahuas, diferentes a los aztecas, que eran
imperiales –imperialistas, diríamos hoy.
Fina:
No se puede desconocer tampoco sus páginas sobre el
Popol Vuh, el libro de los quichés de Guatemala...
Cintio:
No se trata solo del conocimiento y las influencias del
cristianismo. Él partía de un hecho que consideraba
esencial: la religión no la habían inventado los
hombres; según él, era natural, innata, estaba en el ser
humano por esencia.
UN CONOCIMIENTO ÍNTIMO QUE ESTÁ EN TODOS LOS HOMBRES
Fina:
habló que era un sentimiento, un conocimiento íntimo -no
una idea-, que estaba en todos los hombres. El
sentimiento de un Gran Ser Creador lo han tenido todos
los hombres y todos los pueblos, dijo, aunque lo hayan
llamado con nombres distintos: Alá, Yahvé, Zeus, Dios…
Cintio:
Vamos al texto de Martí, para que no parezca que estamos
falseando nada. Verás que él no defiende a una iglesia
en particular, sino a los Evangelios. La nota no tiene
fecha. Está en el Tomo 19, de las Obras
Completas, en las páginas 391-392:
Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pero
constante e imponente, de UN GRAN SER CREADOR: Este
conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su
expresión, la manera con que cada agrupación de hombres
concibe este Dios y lo adora, es lo que se llama
religión. Por eso, en lo antiguo, hubo tantas religiones
como pueblos originales hubo; pero ni un solo pueblo
dejó de sentir a Dios y tributarle culto. La religión
está, pues, en la esencia de nuestra naturaleza. Aunque
las formas varíen, el gran sentimiento de amor, de firme
creencia y de respeto, es siempre el mismo. Dios existe
y se le adora.
Este es un credo. No es un credo católico, sino
cristiano, puramente cristiano, como él lo dijo de sí
mismo cuando salió del Presidio Político: “pura y
simplemente cristiano”.
Fina:
él no podía ser católico, porque la Iglesia estaba
entonces aliada a la Colonia...
Cintio:
“Mi sangre por la sangre de los demás”, eso es el
cristianismo para Martí. El sacrificio como redención,
como lo concebía él, es puro cristianismo. En Martí es
imposible separar al creyente libre del dirigente
revolucionario. Ambos están imbricados en una fe a la
vez histórica y trascendente. "Por lo invisible de la
vida corren leyes magníficas": basta evocar esa frase de
su discurso “Los pinos nuevos” para intuir ese enlace
que siempre, tácita o explícitamente, establece entre la
historia humana, lo que llamó "la justicia de la
Naturaleza" y la armonía cósmica final, asuntos
centrales del compendio de sabiduría a que llegó en sus
Versos sencillos, únicamente superado por el
testimonio final de su Diario de campaña, donde
historia, naturaleza y espíritu se funden en un
paradigma humano.
Fina:
La religión natural está también en un artículo sobre
José de la Luz y Caballero, cuando dice Luz ha creado
“entre los hijos más puros de Cuba”, “una religión nueva
y bella”, donde se aliaban la razón y la necesidad de
lo maravilloso que tiene también el hombre.
Cintio:
Martí admiró enormemente a Luz, que fue un hombre muy
religioso. Ni siquiera de su maestro Mendive, que fue su
verdadero padre en los años difíciles de la
adolescencia, habló Martí con tanto fervor como de José
de la Luz, “el fundador”, el “padre amoroso del alma
cubana”. Mira lo que dice Martí, a continuación en esa
página del Tomo 19:
Entre las numerosas religiones, la de Cristo ha
ocupado más tiempo que otra alguna los pueblos y los
siglos: esto se explica por la pureza de su doctrina
moral, por el desprendimiento de sus evangelistas de los
cinco primeros siglos, por la entereza de sus mártires,
por la extraordinaria superioridad del hombre celestial
que la fundó.
SAN MATEO 25
Fina:
En uno de sus primeros Cuadernos de Apuntes es verdad
que dice “El cristianismo ha muerto a manos del
catolicismo”, pero en su poema dedicado al Cristo
Muerto, escrito en México, en marzo de 1875, también
habla de un Génesis nuevo, en él inspirado, y exclama:
Si el Génesis muriera,
Si todo se acabara
El llanto de una madre vivo fuera,
Y porque el hijo por quien llora viera,
La nada con el hijo fecundara!”
³
Es decir, habla de un nuevo Génesis, de un Dios
encarnado en el sufrimiento humano. En El Presidio
Político en Cuba, ese Dios está encarnado en Lino
Figueredo, en Nicolás del Castillo, en Delgado -el joven
que se suicida... Desde la experiencia atroz del
Presidio Político, Martí fue capaz de vencer el odio, de
sentir piedad por sus flageladores y de intuir en
aquella pobre gente brutalmente torturada, la
identificación de Cristo con los más desvalidos. Es lo
de “El verbo se hizo carne”, del Evangelio de San Juan.
Es el Dios encarnado, la segunda persona de la Trinidad,
aunque no lo llama así. Eso es San Mateo 25; es
la Teología de la Liberación; es el Padre José Agustín
Caballero. Mucho antes de Gutiérrez y de todos los demás
teólogos de la Liberación, el Padre Caballero habló en
Cuba de la trascendencia del capítulo 25 del Evangelio
de San Mateo, donde dice Jesús: “Cuanto hicisteis a unos
de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.
Él acude a San Mateo en un artículo donde abogó por la
supresión de los castigos a los esclavos, especialmente
los que trabajaban en los ingenios.
Cintio:
Lo escribió en el Papel Periódico de la Havana,
en mayo de 1791. ¡En el Siglo XVIII!
Fina:
Es un artículo que el Padre dedica a “mis predilectos
paisanos”, y no sin ironía, que nos recuerda lo de
Cristo: “hay que ser mansos como las palomas, pero
astutos como las serpientes.” Porque se ha dicho que sus
“predilectos paisanos” eran los dueños de esclavos, y es
verdad. Contaba con la previsible ignorancia de los
esclavistas, pero Cristo había dicho: “no vine para los
justos, vine para los pecadores”. Los pecadores en el
lenguaje cristiano son los “predilectos de Dios”. No
porque sean mejores, que desde luego no lo son, sino
porque son los que necesitan “redimirse”, “convertirse”,
“cambiar”... Cuando los llama “mis predilectos
paisanos”, “nobilísimos cosecheros de azúcar”, “señores
amos de ingenios”…. Eso está lleno de ironía, de piedad,
de astucia evangélica, un tono que se encuentra también
en la obra del Padre Félix Varela.
Cintio:
Nosotros encontramos ese texto del Padre Caballero,
cuando trabajábamos en la Biblioteca Nacional, y ¿sabes
lo que nos pareció entonces?: un anuncio del comunismo.
Continúo con la frase de Martí:
Pero la razón primera -de que sea la religión
más extendida- está en la sencillez de su
predicación que tanto contrastaba con las indignas
argucias, nimios dioses y pueriles argumentos con que se
entretenía la razón pagana de aquel tiempo, y a más de
esto, en la pura severidad de su moral tan olvidada ya y
tan necesaria para contener los indignos desenfrenos a
que se habían entregado las pasiones en Roma y sus
dominios.
Pura, desinteresada, perseguida, martirizada,
poética y sencilla, la religión del Nazareno sedujo a
todos los hombres honrados, airados del vicio ajeno y
ansiosos de aires de virtud; y sedujo a las mujeres,
dispuestas siempre a lo maravilloso, a lo tierno y a lo
bello. Las exageraciones cometidas cuando la religión
cristiana, que como todas las religiones, se ha
desfigurado por sus malos sectarios; la opresión de la
inteligencia ejercida en nombre del que predicaba
precisamente el derecho natural de la inteligencia a
libertarse de tanto error y combatirlo, y los olvidos de
la caridad cristiana a que, para afirmar un poder que
han comprometido, se han abandonado los hijos
extraviados del gran Cristo, no deben inculparse a la
religión de Jesús, toda grandeza, pureza y verdad de
amor. El fundador de la familia no es responsable de los
delitos que cometen los hijos de sus hijos.
Cintio:
Y sigue Martí: “Todo pueblo necesita ser religioso”. No
se trata de que porque lo José Martí lo haya dicho, sea
obligatorio creerlo. Considerar la educación como una
obligación, como un látigo, es una aberración. Lo que
importa es saber que Martí lo dijo. Continúa diciendo y
ya termina:
Todo pueblo necesita ser religioso. No sólo lo es
esencialmente, sino que por su propia utilidad debe
serlo. Es innata la reflexión del espíritu en un ser
superior; aunque no hubiera ninguna religión todo hombre
sería capaz de inventar una, porque todo hombre la
siente. Es útil concebir un GRAN SER ALTO; porque así
procuramos llegar, por natural ambición, a su
perfección, y para los pueblos es imprescindible afirmar
la creencia natural en los premios y castigos y en la
existencia de otra vida, porque esto sirve de estímulo a
nuestras buenas obras, y de freno a las malas. La moral
es la base de una buena religión. La religión es la
forma de la creencia natural en Dios y la tendencia
natural a investigarlo y reverenciarlo. El ser religioso
está entrañado en el ser humano. Un pueblo irreligioso
morirá, porque nada en él alimenta la virtud. Las
injusticias humanas disgustan de ella; es necesario que
la justicia celeste la garantice.
Fina:
Para él, entonces, la religiosidad no es algo que está
en la superestructura, sino en la “esencia” misma del
ser humano.
Cintio:
aquí asoma, desde luego, el político. Habla de la
“conveniencia” social de semejante creencia y advierte
también los peligros del fanatismo. Cualquier ideología,
cualquier creencia se puede convertir en fanatismo.
ILUMINACIONES
Cintio:
Se acaba de publicar la sexta edición de las
Iluminaciones, la traducción que hice de este libro
de Arthur Rimbaud que él escribió entre 1873 y 1875. Lo
traduje con la ayuda del Espíritu Santo. Nadie sabe
francés lo suficiente para traducir a Rimbaud. Fue este
un atrevimiento mío enorme. Este es el libro más
importante que he publicado en mi vida.
-¿Cómo puede decir semejante cosa?
Cintio:
Ah, sí. Rimbaud es un genio de la poesía mundial de
todos los tiempos. Tú sabes que comenzó a escribir a los
diez años y a los 17 ya era el poeta sumamente original
que conocemos… Se fue para África. Se despidió
definitivamente de Europa para vivir como un mercader.
Esta traducción la hice en 1951 y tuve el honor de tener
como oyentes a Luis Cernuda y otros grandes poetas,
aparte de Lezama, que siempre iba a mis “conferencitas”
de la época, y yo a las de él, desde luego. Nos
encontrábamos en el Liceo Femenino de La Habana –donde
está ahora la Casa de la Cultura. Ese lugar fue muy
importante, al igual que la Institución Hispanocubana de
Cultura, que dirigía Don Fernando Ortiz, quien invitó a
Cuba a los exiliados españoles del momento en los años
terribles de la Guerra Civil. Gracias a él, conocimos a
Juan Ramón Jiménez… Descubrimos a Machado, a Miguel
Hernández, a la Generación del 27… Nosotros –el Grupo
Orígenes- llegamos a la izquierda por la poesía. Todos
los buenos poetas eran, o comunistas, o izquierdistas.
Sin embargo, hoy parece estar de moda la derecha, en
la poesía y en todo lo demás…
Cintio:
Pero la poesía no se deja engañar.
LA REVOLUCIÓN Y LA POESÍA FUNDIDAS
Cintio: En su última carta, dirigida a su amigo Manuel
Mercado, aparece una frase que se cita mucho: “Mi honda
es la de David”. ¿Quién es David? El que se enfrenta
con el gigante Goliat, en un duelo personal. Un gigante
superarmado, así aparece en el mito del Libro de Samuel,
que es donde se habla de esta historia. David, además,
era poeta. Poeta y guerrero, como Martí. ¿Tú conoces
otro caso igual? ¿De esa magnitud en las dos líneas?
¿Ambas fundidas? No, claro que no. ¿Sabes lo que creo?
Que nos pasamos la vida discutiendo si esto es poesía
pura y lo otro es poesía social, pero de algo sí estoy
muy seguro: la poesía y la historia revolucionaria son
indisolubles, cualesquiera sean las apariencias de una y
otra. Se contraponían, por ejemplo, Nicolás Guillén y
José Lezama Lima. Ambos supieron, finalmente, que esa
diferencia era absurda.
Rolando Rodríguez –yo creo que no es investigador, sino
detective- ha hecho un descubrimiento insólito: cuando
mataron a Martí en Dos Ríos y revisaron en su bolsillito,
traía entre sus papeles un poema de Sthépane Mallarmé.
Como sabes, Mallarmé es un poeta “puro”, tachado de
evasivo, un poeta de la invención de las palabras, que
nada tenía que ver con política ni con Revolución, y sin
embargo, estaba allí acompañando en su muerte a José
Martí.
Nuestro Apóstol estaba traduciendo “La chair est triste,
hélas', et j'ai lu tous les livres”. Es el primer verso
de su "Brisa marina" y dice: "La carne es triste !ay! y
todo lo he leído". Desolado poema, que sin embargo,
termina con un verso exultante: "Mais, ô mon coeur,
entends le chant des matelats Ị” “Mas oye, oh corazón,
cantar los marineros Ị" Parece, de pronto, la despedida
que pudo escribir Arthur Rimbaud al abandonar Europa.
A Martí, evidentemente, le gustó ese verso y lo llevaba
con él en el momento más intenso, más incandescente de
su sensibilidad revolucionaria, cuando ya había escrito
su carta a Manuel Mercado y estaba a las puertas de la
muerte. Mallarmé se nos revela, gracias a ese papel,
como uno de los amigos de José Martí. Te digo esto y
podría añadir que Antonio Maceo, mientras descansaba
entre una batalla y otra o se tomaba un reposo en sus
largos recorridos por la Isla durante la campaña
invasora, leía a Gustavo Adolfo Bécquer, las Rimas, de
Bécquer. ¿Pero te Imaginas cómo recibí esa noticia del
más hermético y exquisito de los poetas franceses en
plena manigua cubana?
¿Qué quiere decir todo esto? Que todos los poetas forman
una sola familia que todos, en cuanto tales; son o
llegan a ser revolucionarios. La poesía siempre es
pura, y siempre es social. Y siempre es revolucionaria,
aunque la ideología del poeta no lo sea. Ese es mi
último disparate. ¿Está claro?
MARÍA ZAMBRANO
Fina muestra un libro con fotografías de la
extraordinaria pensadora María Zambrano, editado por la
Residencia de Estudiantes, de Madrid. Palpa con ternura
cada foto, en particular una de la escritora niña, con
bata bordada, sombrero y cuidados bucles. Fina acaricia
el cabello de la pequeña y su dedo parece traspasar la
imagen en el papel. La niña sonríe. En otra página, la
española aparece de perfil, muy reconcentrada…
Cintio:
Narizona y linda que era.
Fina:
Preciosa y lúcida mujer…
Cintio:
Toda inteligencia. Yo creo que es la mujer más
inteligente que ha tenido España en toda su historia.
Ella fue nuestra maestra. Lo que recibimos en aquellas
conferencias y seminarios suyos, fue siempre más, como
he escrito por ahí. Ella nos enseñó que toda
historia no ética es historia apócrifa. Entre todas las
crisis contemporáneas lo que más está en crisis en el
mundo del nuevo siglo es la eticidad, tanto individual
como colectiva. Sin ella el hombre no tiene futuro.
Hablábamos de nuestra formación de izquierda. Nos hemos
dado cuenta a estas edades –y cada vez se me hace más
evidente- lo importante que fue para todos nosotros la
Guerra Civil Española. Decidió nuestro camino en la
vida. El único lenguaje que nos imantaba era la poesía:
los poetas hispanoamericanos, pero sobre todo los
españoles. Aquel fue un momento de oro y de martirio de
los poetas de España. Martí fue el profeta, fallido
por cierto, de la República Española, cuando habló en el
Manifiesto de Montecristi, de la “República
moral”. Eso era lo que querían en España y no lo que hay
ahora, aun cuando parece que ha mejorado un poquito con
Rodríguez Zapatero.
-María y los poetas de aquella espléndida generación
padecieron el fascismo, en la versión franquista…
Cintio:
Mira el caso de María. Nos contaba que cuando ella iba
saliendo de España en un carro con su hermana Araceli,
vio en el camino a Don Antonio Machado que se dirigía a
pie hacia la frontera. Él iba casi inválido…
Fina:
Sostenido por su madre.
Cintio:
María lo invitó a que subiera al carro. Ante la negativa
de Machado, María Zambrano bajó del coche y llegó
andando a la frontera con el poeta. María fue a México,
mientras, su madre y Araceli se quedaron en Francia,
donde les esperaba el calvario a que los franceses
someterían a Araceli, tras la prisión en París de su
compañero, Manuel Núñez. Estuvo preso dos años en un
campo de concentración y finalmente fue extraditado y
fusilado en Madrid. Los franceses se portaron muy mal.
¿Tú sabes lo que es tener a un hombre con la esperanza
diaria de sobrevivir, pensando en su mujer –con la que
estaba recién casado-, y enviarlo así a la muerte?
María estaba destrozada cuando llegó a Cuba para
impartir sus conferencias, después de haber pasado por
México.
-De la fuga de Europa María Zambrano dijo: “Era como
sentirse en vías de nacer a través de aquella agonía
inédita”.
-Fina: Y su hermana, imagínate lo que sufrió. Por
eso María, a quien no le vimos nunca un gato cuando la
visitábamos a su casa, terminó cuidando, compadecida por
todo el sufrimiento de su hermana, los muchos gatos que
al morir dejó Araceli en su casa. Araceli era una mujer
muy vital, maravillosa, muy distinta a María, pero
trataba de aliviar en algo aquella tragedia con su
pasión por los gatos. Se rehizo, porque no era una mujer
de estar rumiando mucho… No… Fueron expulsadas de Roma,
tras la denuncia de los muchos gatos que tenían en su
apartamento. Los animalitos iban con ellas a todas
partes. Dicen que en la tumba de María se aparecen los
gatos. Una cosa rarísima.
Cintio:
Su tumba en Vélez-Málaga, es preciosa. Da ganas de vivir
en ella.
Fina:
Sí, porque tiene grabadas esas preciosas palabras del
Cantar de los Cantares que ella escogió para la
tumba de su hermana: “Levántate, amiga mía, hermana mía
y ven. Ya el invierno ha pasado…”
Cintio:
Fina, hay una foto de María muy hermosa con uno de sus
gatos… Esta historia de la tumba nos la contó Adolfo
Castañón, un notable escritor mexicano que conocimos
cuando me dieron el Premio Juan Rulfo en Guadalajara. Él
había entrevistado a María en México y tuvo amistad con
ella. Nos dijo que sí, que efectivamente, la historia de
las tumbas de las dos hermanas, llenas de gatos, era
real.
Fina:
Fíjate qué bella mujer… Y su hermana: ¡qué esbelta! Aquí
está con su madre... Mírala de niña, chica, era un
ángel… Un ángel… No, aquí María ya era anciana, que no
fue la que nosotros conocimos. Este retrato de María, no
debieron haberlo sacado. No tiene que ver con los años,
sino con esta cámara así, encima de ella, desfigurando
su rostro. Hay cosas que a una mujer no le gustan. Y
ella era muy coqueta. Nuestra María es la de El
pensamiento vivo de Séneca (1944), el rostro que
aparece en esa primera edición, mujer de una belleza
pensativa, de mirada tan llena de inquietud, a veces
sobrecogida por el dolor del exilio.
Cintio:
Recuerdo lo que publicó en la edición crítica de
Paradiso, en el liminar que escribió a petición mía,
poco antes de ir yo a Roma a presentar esta novela de
Lezama. Dice allí: “formé parte anónima y decididamente
en la fundación de Orígenes”. Había publicado en
nuestra revista, en 1948, aquel artículo increíble que
tituló “La Cuba secreta”…
-“En medio de la vida de Cuba tan despierta, Cuba
secreta aun yace en su silencio. Y así, nada es de
extrañar que este grupo de poetas cubanos hayan llevado
y prosigan una vida secreta y silenciosa”, dice María en
ese ensayo...
Cintio:
Sí, entre esas cosas maravillosas que dijo, afirmó
también que en Cuba había encontrado su “patria
prenatal”, que era para ella “la poesía viviente, el
fundamento poético de la vida, el secreto de nuestro ser
terrenal.” ¿Cómo es posible una patria antes de nacer?
MIS MAESTROS
Cintio:
Sí, no hemos hablado de mi maestro: mi padre, Medardo
Vitier. Fue un martiano cabal, que en 1911, diez años
antes de mi nacimiento, fue premiado por el primer libro
sobre el Apóstol de Cuba. Para mí su lectura y estudio
ha sido la formación sustancial de mi vida. La casa en
que me crié en Matanzas era una escuela, con la
biblioteca personal de un maestro de la cultura cubana.
Oí las mejores conferencias de mi vida siendo un niño.
Lo escuché a él, y a Jorge Mañach, que fue un martiano
indudable y escribió la mejor biografía que existe de
Martí.
Cuando yo empecé a tocar el violín –y lo hacía bastante
bien-, fui a amenizar la conferencia de Mañach, con una
amiga, arpista, cuyo nombre se me escapa en este
momento. Fue un 28 de enero. Yo tendría unos 13 años.
(Permíteme esta digresión: la música no es una sorpresa
inesperada en nuestra familia. La madre de Fina era una
pianista muy buena, y yo, que tocaba el violín, hacía
dúo con ella. Estudié mucho ese instrumento y quería ser
un gran violinista. No llegué a serlo porque pensé que
no me acompañaban las manos.)
-¿Cuál es su memoria más lejana, su primer recuerdo
de Martí?
Cintio:
Como tantos niños, lo primero fue La Edad de Oro.
Comencé a leer con este libro. Mi casa era una
escuelita. Mi padre era el director y mi madre, maestra
normalista.
-¿Qué encontró de particular en ese primer libro?
Cintio:
La música. No sonaba como el periódico, ni como un libro
de texto. Era otra cosa. El niño que yo era, como
cualquier otro, no podía entender la mayor parte de las
ideas, pero sí sentía algo muy especial cuando repetía
las palabras. La música ya era entonces una pasión en mi
vida, y la sigue siendo. Es extraordinaria esa frase de
Martí, cuando escuchó en México al violinista José White
–Joseíto, le decían-: “la música es el hombre escapado
de sí mismo.” ¿Sabes qué es lo más importante que ha
pasado en mi vida? Mis hijos músicos.
-Pero, ¿cuándo usted descubrió que Martí lo
acompañaría para siempre?
Cintio:
Un poco tardíamente: cuando conocí a Fina. Ella era una
martiana más consciente que yo. Escribió uno de los
trabajos más importantes que recuerdo sobre Martí, en
1951, en la revista Lyceum. A mí me deslumbró ese texto
y me di cuenta de que ahí estaba nuestro destino común.
Antes de eso yo no había escrito nada sobre él. Sólo
había recibido un premio martiano –un busto que aún está
sobre mi mesa de trabajo, construida por mi abuelo, el
carpintero.
-Usted tuvo también un abuelo (el materno) General
de la Independencia…
Cintio:
Sí, pero mi abuelo el carpintero era de los “pacíficos”.
Le escuché una vez decir que no tenía miedo a morir;
tenía miedo a matar. Era muy cristiano, protestante. Mi
padre tuvo también esa formación en su primera juventud.
LA AMISTAD
Cintio:
Recuerdo aquellas sesiones de Lo cubano en la poesía
en el Lyceum femenino de La Habana, que entonces
presidía Vicentina Antuña, entre noviembre y diciembre
de 1957, como el convivio más emocionante de toda mi
vida. Sin saberlo nos estábamos preparando para un
triunfo que todavía parecía imposible. Hoy siento que
aquel libro, rápidamente publicado en 1958 gracias a
Samuel Feijoo, era mi despedida del mundo anterior a la
Revolución. Fue también, en cuanto testimonio de la raíz
poética de nuestra historia, mi umbral hacia ella. Es un
libro que ha suscitado grandes polémicas, pero ahí está.
-Un libro capital de nuestra historia lírica, que me
descubrió Agustín Pi, en la redacción del diario Granma.
¿Cómo se podía vivir en Cuba y tener pasiones literarias
sin leer Lo Cubano en la poesía?, decía…
Cintio:
Ah, Agustín, tan exagerado… Un gran amigo y además, un
lector incomparable. Tenía una capacidad de penetrar en
la lectura y en la conversación, como pocos. Él nunca
pretendió ser nada, ni aparecer en nada. Lo llamo el
miembro silencioso de Orígenes. Solo una vez escribió
un artículo, que tituló “Los extraños músicos”, aquellos
que iban de barrio en barrio, aquellos que tocaban en
los restaurantes, con sus guitarritas, las músicas
populares conocidas por todos. Ese trabajo de Agustín es
maravilloso.
Fina:
es una lástima que no quisiera escribir.
Cintio:
era muy exigente.
Fina:
extremadamente exigente. Su talento humorístico era
increíble. Hacía semblanzas. Por ejemplo, recuerdo sobre
todo la que hizo de su entrañable hermano, amigo
nuestro, Octavio Smith.
Cintio:
Se divertía mucho con Eliseo y con Octavio. Hay una cosa
que inventó sobre Octavio, muy simpática. Octavio era
muy religioso, criado desde niño en colegios católicos
–instituciones a las que no asistimos nunca ni Fina, ni
yo. Los únicos de nosotros que habían pasado por esa
experiencia eran Eliseo y Octavio, y este era además
practicante, de misas diarias. Agustín inventa un
cuento, en el cual se aparece Octavio en la Santa Sede
para entrevistar al Santo Padre.
Fina:
Pi le decía a Octavio, jugando, “El Simple”, porque era
muy distraído.
Cintio:
Supuestamente, después de un viaje dificilísimo, con
muchos avatares y problemas de todo tipo, Octavio llega
ante el Papa y le pregunta: “Santo Padre, ¿usted cree en
Dios?”… Octavio era | | | | | |