El 20 de octubre de 1868 es tomada la ciudad de
Bayamo por el recién fundado ejército de Carlos Manuel de Céspedes. En la
Iglesia fueron entonadas las notas de nuestro Himno Nacional por vez primera.
El sabor a patria se esparcía entre los combatientes y las bellas bayamesas
inspiradas por la revolución. Unos días antes Perucho Figueredo, mayor general
del ejército libertador, había escrito esos versos, montado todavía en su
fogoso caballo. Esos versos exaltados que han conducido a generaciones enteras
de cubanos por el mismo sendero.
El arte más exquisito y la voluntad más férrea se dieron la mano en este
pedacito del mundo para configurar nuestra nacionalidad. Habría que ver como
los ciudadanos de la de Bayamo quemaron luego sus casas y pertenencias para
entregar sólo cenizas a los españoles. España no llegó a conocer nunca a esta
amalgama bendita de negros y blancos que entendió mejor que ella las ideas de
la Revolución Francesa y estuvo dispuesta a todo por lograr las banderas de la
Ilustración.
Por eso, con mucho tino se decidió que el 20 de Octubre fuera el día de la
Cultura Cubana. Cultura que ha sido sin dudas el arma más poderosa de la isla
de Cuba para preservar su revolución y enfrentar de vez en vez a los imperios
más poderosos de la historia.
En la medida que se desplomaba el mundo por la feroz incoherencia del siglo XX;
mientras muchos se cambiaban urgente de bando o aludían patéticas teorías;
Cuba fijó sus resortes en un par de versos románticos; y en medio de las
vicisitudes más increíbles avanzó por el único camino posible para cuidar la
Patria: Amar al mundo y ser cultos. El enemigo más violento para una nación es
el patrioterismo. Pregunten en Berlín durante los años treintas. O no, no se
alejen tanto. Averigüen quien ha sido el enemigo más voraz del pueblo
norteamericano: El nacionalismo estrecho y la incultura de las masas. Por ahí
anda el valiente Michael Moore tratando de apurar la cultura en el corazón de
ese pueblo. Sigo pensando que es tal vez el pueblo más infeliz del mundo.
Insisto en las brigadas de solidaridad con el pueblo norteamericano
El 20 de Octubre es también el cumpleaños de Abel Santamaría Cuadrado. Mi
madre me sentenció con una herencia perturbable: de mi tío Abel Santamaría
había heredado dos ojos extraviados y dudosos. La única herencia de ese ser
que cambió para siempre su existencia contagiándola con la revolución... De
alguna forma ese joven diseñó los secretos resortes de mi irreverente
educación.
Abel Santamaría nació en Encrucijada. Si, en un pueblito del centro de Cuba.
Dicen que ese nombre expresa el conflicto de los campesinos de la zona al no
saber por que lado tomar. Era tanto el hambre y la incertidumbre que nunca se
supo cuál seguir: El de la derecha, era el que parecía más directo. Tan sólo
habría que empezar por votar en alguna elección al mejor de los farsantes y
bandidos; quizás algún trabajo turbio; un puesto en la guardia rural; dos o
tres desalojos de campesinos, alguna niña violada o golpeada. Y después con
tan sólo un poco de terror y muerte, se conseguía algún sitio para “poder
mantener honradamente a la familia”.
Mi tío fue tozudo desde niño: Agarró el camino a la izquierda y llegó a la
Habana atravesando el siglo XX, transpirando a José Martí por cada poro y
adorando al negro comunista Jesús Menéndez Este líder oriundo de Encrucijada
fue asesinado por defender a los trabajadores azucareros. Haydée, mi madre, lo
siguió unos años después para ayudarlo en aquel otro pedacito de Cuba, donde
floreció para siempre el lirio de la revolución. Sí, tío Abel leyó mucho a
Martí desde que su maestro en su pueblo natal lo animara a hacerlo. Y además a
un par de europeos “extravagantes” que habían cambiado el curso del mundo allá
en Europa. Uno, dos libros bastaron para que aquel joven del cual debo
agradecer mis ojos virados, entendiera que era hora de detener el mundo de
posguerra y hacerlo girar verdaderamente a la izquierda.
Abel Santamaría estudió a Lenin sin renunciar a Martí. O precisamente por no
haber renunciado a él.
Una tarde llegó a ese pequeño apartamento un nuevo hombre. Se lo habían
presentado... Abel sintió instantáneamente que era el hombre del mundo. Mama
sólo me contaba que las cenizas de un puro alteraban la limpieza del lugar, y
que ese hombre inmenso lo recorría entre zancadas como si en sus horas se
decidiera el porvenir.
Fidel Castro, el hombre de las zancadas, organizó en unos meses al grupo más
disciplinado, compacto y combatiente que conociera la izquierda mundial. Ese
movimiento no fue un montón de histéricos suicidas, o improvisados. Fue un
grupo militante y riguroso que dejó como lastre al mar su juventud y prendió
para siempre la llama revolucionaria de América. Mi tío, el tío que no conocí
y fue mi ídolo...a pesar de la herencia de los ojos..... Estuvo allí. Tuvo la
pericia de saber antes que nadie quien era Fidel Castro. Lo supo por entender
esta isla, que ha contado siempre de hombres grandes, y no tolera la
mediocridad. Fidel dijo que tío Abel era el alma del movimiento. Y así fue.
Después del asalto al Moncada, cuando un inservible traicionó a los
combatientes del Hospital Civil, se le ocurrió a un esbirro sacarle los ojos a
Abel... a mi tío Abel. Pretendió que mi madre hablase en nombre de esos ojos.
Necios. Mi madre lo supo todo y ya desde su tristeza soñó con aquel hombre de
largas zancadas, que haría devolver la luz a la mirada de su hermano para toda
la vida.
¿Fue una organización con ideas comunistas quién atacó al Cuartel Moncada en
1953? ¿El tío Abel fue comunista? ¿Qué se dijeron esos dos hombres al leer el
viejo libro de Carlos Marx Crítica de la economía política que descansa en paz
en el museo de 25 y O?
Esos muchachos condujeron a mi pueblo por el verdadero camino. Este camino
escabroso. Pero el único verdadero.
La verdad filosófica se desprende después del arduo examen, según se dice. Mi
madre no tuvo tiempo. En un solo instante se hizo combatiente frente a los
ojos de mi tío. “Abel no ha muerto, porque morir por la Patria es
vivir”...sentenció una chiquilla pueblerina con sexto grado de escolaridad
frente a un sanguinario. Estos versos rezan en el Himno Nacional. Aquellos
versos que escribió Perucho Figueredo un 20 de octubre en su caballo sudoroso.
Frente al dolor apeló mi madre a la consecuencia de estos versos. Esta mujer
agarró lo que había en su hermano, se unió a los mejores cubanos, apostó por
Fidel y devolvió su sonrisa al conocer al Che. Otro pícaro que le había
prometido beber mate “cuando se fueran a hacer la revolución a la Argentina”.
Este otro hermano, hermano espiritual, la convenció de que de nada servía la
felicidad de Cuba si América y el mundo se estaban desgarrando. En escasos
años trasladó Haydée su amor a la América y desde su Casa conspiró con el
mejor aliado de la libertad para unir los pueblos: la cultura. Con la Casa
funcionando, Cuba en marcha, dos hijos en el regazo, no lograba vivir en paz
lamentando que el Che no le había llevado a Bolivia. No necesitó mi madre leer
grandes documentos para saber que el internacionalismo es la piedra angular de
la revolución... Le bastó amar a su hermano; al hombre de las zancadas
grandes; y a un argentino irónico en cuya pericia se confiaron las ideas
auténticas del socialismo. La mayor contribución del Che no fue la perfecta
invasión a occidente, ni la heroica batalla de Santa Clara, sino la audacia y
pertinencia con que salvó de la retórica manualista las ideas frescas del
socialismo. No en balde “El hombre y el socialismo en Cuba será recordado como
Crítica del programa de Gotha o El estado y la Revolución. Y el mensaje a la
Tricontinental es la más auténtica actualización del Manifiesto Comunista. De
esto se debe hablar más todavía.
Crítica a la economía política está salpicado con letras del hombre de las
zancadas. Quizás él nos pueda decir algún día hasta donde habían leido la
literatura marxista. Mas no me cabe dudas que una legión de marxistas
acompañaron silenciosamente a Fidel y a mi tío en el Moncada. Aunque estos
jovencitos no los conocieran. Sí .El proyecto revolucionario de Fidel Castro
contó con un partido de vanguardia que nos arrastró a la revolución socialista
sin haber pensado una sola vez en el posible apoyo soviético. Esta legión sí
estuvo al lado de esos hombres. Una legión de asesinados. Nos mataron a Mella,
y a León Trotsky. A Antonio Gransci lo extinguieron lento en la prisión y a
Lenin, de cierta forma lo asesinaron, a la Luxemburgo nos la mataron también.
El Che fue asesinado mucho después. Gran parte de los marxistas más cultos de
la historia dieron su vida por la revolución. Tenemos más mártires que el
cristianismo. Algo de eso dijo Federico Engels. Estaban todos convocados en
magistral orquesta, dirigida por José Martí. Esa música inspiró a la juventud
cubana. Pues de lo que no caben dudas es que esa generación contaba con la
verdad. Y la verdad es tan sólo una, por más poesía y modos alternativos que
quieran encontrar.
A estos enemigos de siempre se les olvidó matar a Fidel, que les da vida a
todos juntos y le sobra todavía. ¡Oh sí!, sí han tratado, pero resulta
imposible y han fracasado centenas de veces.
Y en este 20 de Octubre, para celebrar entre otras cosas los versos de Perucho,
y el cumpleaños del tío, vuelven Cuba y Fidel apelar a la cultura para cuidar
la revolución. Allí en el centro de la isla es la fiesta. Allí donde nació
Abel y donde yacen los restos del argentino que no llevó a mi madre a Bolivia.
Pero el Che no está allí bajo la tierra; está en los miles y miles de jóvenes
instructores de arte que aplaudían felices al Comandante en esta nochecita de
Octubre.
El Che y Abel festejaban junto a su mejor compañero la graduación de más de
tres mil jóvenes bachilleres en Humanidades e instructores de arte. En menos
de cinco años cuenta el país con más de 20 000 estudiantes matriculados en
quince escuelas. Muy curioso. Estas planes han dado en llamarse “Batalla de
ideas” (tened en cuenta esta frase) Y han reverdecido mientras más lejos está
el desastre del “socialismo europeo”. Batalla. Para los que puedan acusar a la
revolución de quietud pensad que el Juramento de Baraguá donde decidimos
seguir luchando hasta el fin del imperialismo, fue suscrito por Fidel y su
pueblo.
Pues bien .Esta batalla de ideas ha logrado que contemos con instructores de
arte que llenan las escuelas, las casas de la cultura, y los barrios. Me
pregunto que si este hombre de las largas zancadas y Abel hubiesen imaginado
esto en aquella charla que tanto incomodaba a mi madre por las cenizas en el
suelo. Eso sí, ya no hay más cenizas. Fidel se ganó una medalla de la
Organización Mundial de la Salud por dejar el tabaco, sin embargo siguen las
zancadas del Comandante. No sólo contamos con jóvenes ilustrados, sino que
nuestros jóvenes se sienten que forman parte de la revolución. Esta es una
nueva revolución. Desde que comenzó la batalla de ideas son estos jóvenes el
mejor antídoto para cualquier aventura ideológica en contra de ella. Urge que
crezcan, urge que se apuren a entender que son un verdadero y fresco partido
revolucionario.
Finalizaba el acto. Las luces artificiales iluminaban al Che y a Fidel, que
estaba más prendido que nunca con ojos de auténtico orgullo. Las cámaras de
televisión sudaban por las lágrimas de alegría de una multitud de niños
expectantes uniformados con colorida vestimenta. Exhibían como banderas sus
diplomas y esperaban una hermosa fiesta a compartir con el Comandante.
“¡Viva la Patria! ¡Viva la Revolución! ¡Viva el socialismo! Y como dijo quien
regresara a Cuba con su destacamento de refuerzo, aquí junto a nosotros.
¡Hasta la Victoria siempre! Concluyó Fidel.
El hombre de las zancadas alargó el andar. Recordaba de seguro aquellos pasos
prolongados en el pequeño piso de Abel y Haydée donde comenzó su revolución
.Abel que cumplía años, el Che fue quien despediría sus palabras con la
Victoria de Siempre. Observó en el horizonte la risa de los chicos más felices
del mundo y ardía en deseos de abrazarlos. 25 000 villaclareños le saludaban
agitados. Una zancada...otra... y esta vez su pie izquierdo cayó en el vacío
por un desnivel que la emoción no le permitió calcular. Se detuvo por instante
la rotación de la Tierra. A todos los cubanos se nos paralizó de angustia el
corazón. A los cubanos y a ese batallón de amigos que nos rodean por el mundo.
Fidel tropezó y por su pericia de guerrillero protegió su frente. No se sentía
nada, hasta las moscas inmovilizaron su vuelo y las luces de esa noche se
apagaron por un breve instante en nuestras pupilas. Dos segundos, tres, apenas
diez. Diez siglos más bien. ¡Y al fin! Fidel sentado en una silla con la misma
sonrisa de siempre intentó a pesar de su intenso dolor reiniciar la alegría
extinguida de esa noche llena de premoniciones.
“Les pido perdón por haberme caído” y mofándose de la publicidad, aseguró
estar impaciente de ver cómo habría recogido la prensa extranjera el
accidente. “Me da pena únicamente el mal rato, el posible sufrimiento que les
ocasioné con esto” Les pidió que hicieran la fiesta y los jóvenes llorando se
negaban como niños pequeños y sin creer en ningún intermediario pidieron ya
durante su viaje a la capital, que Fidel dijese como estaba. Él los
tranquilizó como pudo y les rogó seguir la fiesta “no me sentiría feliz si
suspenden la actividad”.
Fidel no tiene permiso para estornudar. Nos arrulla tanto con su salud, que le
robamos el derecho de enfermar o accidentarse.
Pero este hombre de las zancadas vive en campaña y si tropieza es sólo para
buscar una nueva victoria.
Durante su viaje a la Habana, fracturada su rodilla en ocho pedazos y
lastimado su brazo siguió trabajando. Otro Comandante allá por Venezuela le
llamó también desolado.
La intervención quirúrgica de la rodilla duró algo más de tres horas. El
paciente estaba conciente observando cada paso de los cirujanos que
reconstruían con pericia la rodilla del hombre de las largas zancadas.
Al día siguiente redacta una crónica exacta de lo sucedido dedicada al pueblo.
Una vez más Fidel sabe y siente quién es su mejor aliado.
Me pregunto qué pasaría si los candidatos a la Presidencia de los Estados
Unidos por ejemplo, se cayeran en plena campaña electoral. ¡Tonta que soy! No
puede ocurrir, pues esas dos marionetas del capital no fundan nada, sus
jóvenes los mandan a una pestilente y bochornosa guerra. En lugar de formar
instructores de arte y jóvenes cultos le prohíben estudiar la ley de Selección
Natural de Darwin y los quieren convencer de que la Amazonia no pertenece al
verde Brasil. En lugar de promover en ellos los sentimientos de humanismo que
colocan a decenas de miles de compatriotas fuera de nuestras fronteras en los
lugares más pobres...los invitan a abusar de los árabes y a tomar fotos
degradantes. Mucho más para esos jóvenes rubios que para los prisioneros.
No creo que alguno de esos presidentes tropiece por la emoción de saludar a su
pueblo. De hecho algún 11 de septiembre preñado de tristezas y dudas no estuvo
el presidente al lado del pueblo de New York. Este tipo de presidentes no
tropieza porque no saben lo que es andar, ni prever, ni crear. En la
Universidad de Yale no se enseñan estas cosas.
Ahora se termina Octubre. Ya más tranquilos, pero con la desazón de saber que
no lo volveremos a ver muy pronto con sus hermosas zancadas. Esas mismas del
pequeño apartamento del tío Abel; esas mismas que con siete hombres
hambrientos y un millón de estrellas en el alma se mezclaron en las montañas
de mi país para engendrar uno de los ejércitos más insólitos de la última
etapa de la historia. Esas mismas zancadas que sostuvieron el aliento del
mundo en la crisis del Caribe, donde brilló el mejor de los estadistas, a
decir del Che.
El año próximo celebramos 50 años de las zancadas de Fidel al salir de la
cárcel. Llevamos más de medio siglo a su lado y sucede que cada vez más
jóvenes prefieren seguir esta ruta a la izquierda que él pilotea, esta ruta
que tantos hombres han sembrado con su sangre y sus ideas. La responsabilidad
de Fidel es ésta: Acompañarnos con sus largos pasos de la interminable
revolución.
Celia Hart Santamaría, es hija Aidé Santamaría Cuadrado y Armando Hart
Dávalos.