Contribución a un análisis marxista de la revolución boliviana
MARCO HISTÓRICO
El 27 de febrero de 1917, una insurrección popular depone al sangriento zar
Nicolás II, instaurando un Gobierno Provisional en manos de la burguesía y la
pequeña burguesía, apoyados por social-revolucionarios y mencheviques. El 3 de
Abril Lenin regresa del exilio y redacta sus “Tesis de Abril”, donde expone la
verdadera naturaleza de ese gobierno y traza la línea a seguir en los próximos
meses.
En Octubre de 2003, una revuelta popular en Bolivia expulsa a Gonzalo Sánchez
de Lozada, represor, corrupto y responsable de las leyes de “capitalizaciones”
que venden el país al mejor postor y sumen al pueblo en la miseria. El
vicepresidente Carlos Mesa, con apoyo explícito de los reformistas del
Movimiento al Socialismo (MAS), asume, pero, viéndose atrapado entre las
presiones de la oligarquía entreguista y los movimientos sociales
radicalizados, dimite. Se instaura un Gobierno de Transición dirigido por el
Presidente del Tribunal Supremo Eduardo Rodríguez, en Junio de 2005.
¿Qué es similar y distinto en ambos contextos históricos? ¿Cuáles son las
claves para la transformación revolucionaria de Bolivia?
1.-
COMPOSICIÓN POLÍTICO-SOCIAL
En la Rusia del 17, el estrato social dominante estaba compuesto por el zar y
su aristocracia, sometidos al capital extranjero y guerras de rapiña.
Desplazados estos, la burguesía, pequeña pero incipiente, intenta mantener su
privilegio a través del Parlamento liberal (Duma), con la aprobación
esperanzada del sector popular. El trabajo perseverante de los bolcheviques
demostró la imposibilidad de confiar en sus promesas y la necesidad de
instaurar el Gobierno Obrero-Campesino. Muchos pretendidos izquierdistas
arguyen la nula participación del campesinado, olvidando el papel vital jugado
en la Revolución por los soldados, en su mayoría campesinos utilizados como
carne de cañón por el régimen zarista.
En el caso de Bolivia, el opresor externo es un sistema imperialista, heredero
del colonialismo, que hoy saquea el gas y la mano de obra barata, como ayer
hizo con la plata, el estaño y los esclavos. En un país donde una tercera
parte vive en extrema pobreza y otra tercera al límite de la misma, la clase
media y la pequeña burguesía independiente es escasa. La opresión interna
proviene de una “lumpenburguesía” oligarca, que a menudo funciona como simple
gestora del capital foráneo. Ante la dificultad del Parlamento para hacer una
defensa decidida de sus intereses, esta oligarquía enarbola el discurso
artificial de la autonomía, para mantener su privilegio en el tradicional
feudo de Santa Cruz.
El campo popular se compone de la masa obrera (vanguardia minera, gremios de
comerciantes, maestros empobrecidos,...) y el inmenso grupo del campesinado,
ambos organizados a través de una gran red de movimientos sociales. Estos
fueron fragmentados en los años 80 y 90, mediante la regionalización de sus
demandas para beneficio de la élite criolla de exclusividad parlamentaria.
Sólo en los últimos tiempos se corrige ligeramente esta fragmentación.
Pero un poderoso agente social, no existente en el caso soviético, resurge con
ímpetu en Bolivia. Los pueblos indígenas originarios, con sus demandas de
identidad, autogobierno y autogestión territorial.
2.- LUCHA ANTI-IMPERIALISTA
El imperialismo NO es una agresión militar de un país poderoso a uno débil,
sino un complejo sistema de capitalismo avanzado que ejerce la opresión de
clase a nivel internacional, afectando todas las esferas de la vida de los
pueblos. Sin entrar en las cifras que Lenin proporciona en sus estudios,
podemos decir que el imperialismo económico y social causó niveles de miseria
y explotación similares a los de la actual Bolivia. Lejos de los argumentos de
Lvov y demás oportunistas del Gobierno Provisional sobre el “defensismo
revolucionario”, Rusia se enfrentaba a una guerra imperialista de carácter
anexionista (PGM). Su paralelo boliviano se refleja en las tensiones militares
con Chile y, en la amenaza velada de los ejercicios conjuntos de las fuerzas
armadas norteamericana y paraguaya en el Chaco, a escasos 250km de la frontera
con Bolivia.
Una vez más, Bolivia presenta la peculiaridad de la lucha contra el
imperialismo cultural, protagonizada por los pueblos originarios, que
representan un clara mayoría. Esta es una rebelión contra 513 años de
cosificación, que impiden el acceso a foros de decisión política e imponen
modelos de consumo, educativos, organizativos e identitarios ajenos a la
filosofía andina. Alguna de sus expresiones rupturistas se plasman en la
exigencia de autodeterminación en estos campos. Por lo tanto, la realidad
boliviana es una concreción actual de la lucha contra el imperialismo, en
todas y cada una de las formas que este presenta: dominación
económico-financiera, segregación social, control político por el aparato
inversor transnacional, represión ideológico–cultural y eventual agresión
militar.
3.- REVOLUCIÓN Y MOVIMIENTOS SOCIALES
El hecho que posibilitó el paso del socialdemócrata Gobierno Provisional al
revolucionario Gobierno Obrero-.Campesino en la Unión Soviética, fue el
fortalecimiento entre Febrero y Octubre de un poder paralelo
extra-parlamentario. Fueron los soviets de diputados obreros, y el trabajo
bolchevique en su seno, para “explicar los errores de su táctica de un modo
paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades de las
masas”. Así, esta forma de gobierno embrionaria se consolidó hasta crear una
dualidad de poder insostenible, de la que hablaremos más adelante.
En Bolivia, ante la inexistencia de un partido revolucionario unificador, los
movimientos sociales juegan el papel que Lenin denominó “fábricas de
estrategias” de poder. Su abanico incluye a organizaciones indígenas,
campesinas y obreras, como Central Obrera Boliviana (COB), CSUTCB, Federación
de Juntas Vecinales de El Alto, Asamblea del Pueblo Guaraní, Coordinadora del
Gas, Federación Nacional Campesina,... Históricamente, esta resistencia
fragmentada se caracterizó por estrategias defensivas de sus derechos, cada
vez más sectorializados y corporativos, abandonando la dimensión política y
nacional de las iniciativas obreras. Poco a poco, las estrategias defensivas
agrarias contra la criminalización de la hoja de coca, cuajaron en movimientos
con gran capacidad de movilización, pero sin proyecto político determinado ni
fuerza de convocatoria nacional.
La “guerra del agua” (Abril 2000) y la “guerra del gas” (Febrero y Octubre
2003), consolidaron al movimiento indígena como el protagonista político de un
clara lucha contra el imperialismo transnacional (Bechtel, Aguas del Tunari,
Aguas del Illimani, Repsol-YPF, BP, British Gas,...) Este fue un salto
cualitativo, desde la reacción social a los ataques del estado neoliberal,
hacia la acción consciente para la erradicación del mismo.
La tercera fase de esta lucha (movilización por la recuperación de los
hidrocarburos, Mayo-Junio 2005) presenta, una vez más, la acumulación
espontánea de fuerzas que supera la capacidad de unidad organizativa. Ante un
poder capitalista tambaleante, el poder popular en estado embrionario todavía
no puede determinar que papel desempeñará: mecanismo de contención de la
opresión de las élites, co-participador parlamentario en minoría (ej. Febrero
1917) o liderazgo revolucionario de un nuevo sistema a construir (ej. Octubre
1917).
4.- SOCIALDEMOCRACIA Y OPORTUNISMO
Cuando la correlación de fuerzas sitúa a una sociedad en una etapa pre-revolucionaria,
resulta indispensable luchar contra los elementos reformistas u oportunistas,
que pretenden mantener el status quo o reformarlo en su beneficio. En el
periodo analizado, fue preciso desenmascarar la falacia del Gobierno
Provisional y sus elementos socialdemócratas, kautskistas y
social-chovinistas.
Si bien Bolivia tiene razones históricas para reclamar territorio y salida al
mar, en los momentos en que la lucha social por la recuperación de los
hidrocarburos incrementa, ciertos sectores exacerban el sentimiento del
chovinismo nacionalista anti-chileno, para diluir en él el carácter de clase
que tiene el alzamiento.
Otro paralelismo. Cuando Lenin sostuvo que había que luchar por un gobierno
exclusivo de soviets de delegados obreros, Goldenberg y Plejánov le acusaron
de “delirio febril” o de “enarbolar la bandera de la guerra civil en el seno
de la democracia revolucionaria”, Cuando en Bolivia algunos sectores (sobre
todo las direcciones de la FeJuVe de El Alto y la COB) hablaron de la toma del
poder, o de la posible alianza de un sector del ejército con el pueblo, los
nuevos mencheviques, comandados por Evo Morales, los tacharon de “locos” y
“golpistas”.
El MAS y Evo representan este reformismo de carácter oportunista. Un
movimiento regional que consigue su expansión debido a un plan de la derecha
más reaccionaria, el MNR, que lo financió al pensar que no representaba
peligro electoral alguno, para que acumulase parte de los votos de aquellos
rivales que sí lo representaban (NFR y MIR). El plan de Sánchez Berzaín, mano
derecha de Sánchez de Lozada, contó con el apoyo del embajador norteamericano
Manuel Rocha. A partir de ese momento (elecciones 30 de junio 2002) el MAS
intenta evitar la radicalización del sector cocalero, apuesta todo a la “vía
electoral”, exige el “respeto constitucional”, denuncia posibles golpes de
estado, apoya a Carlos Mesa y critica las movilizaciones sociales. Sólo se
suma a estas últimas cuando el conjunto del campo popular lo ha hecho, y
entiende que no tomar parte perjudicaría su rédito electoral. Ello se demostró
en las fuertes protestas del mes de Mayo donde, en sólo cinco días, el MAS
sostuvo cuatro diferentes posiciones sobre los hidrocarburos, según como fuese
el panorama político.
Este oportunismo radical busca obsesivamente el voto de la clase media urbana
como clave para el éxito, aunque para ello confunda o abiertamente traicione a
su base campesina. Prueba de esto es que, ante la petición de las bases del
MAS de realizar un frente con los sectores sociales (17/6/05), Morales se
apresuró a anunciar un acercamiento de posible alianza con el MSM (partido
reformista que se ha negado sistemáticamente a la nacionalización de los
hidrocarburos).
A mediados de junio más del 40% de los bolivianos deseaba la clausura del
Parlamento. El Presidente Rodríguez, Juan del Granado (MSM) y Evo Morales
(MAS) ahogan la revolución inspirando vana confianza en la república
parlamentaria burguesa. Representa la misma pequeña-burguesía edulcorada que
Chjeídze, Steklov y Tsereteli, a los que los bolcheviques desenmascararon en
esos meses de 1917, como única vía para avanzar en el poder de los consejos
obreros, hacia la liberación.
5.- DEMANDAS
En el programa revolucionario de Abril, Lenin subrayaba la necesidad de
confiscar y nacionalizar las haciendas de los terratenientes, para ponerlas en
manos de los soviets de diputados agrarios.
La consigna unificadora de la nacionalización, o más bien de la recuperación
del gas boliviano, permanece carente de profundidad y concreción analítica.
Los contratos de cesión a las multinacionales fueron firmados en Miami, en
inglés y a espaldas de los bolivianos. Son ilegales, tanto como las leyes de
exención fiscal a las empresas inversoras, la no compensación por la toma de
tierras nativas,... El monto de lo robado extra-judicialmente supera el precio
de la tecnología desplegada, por lo que la expropiación sin compensación es
legítima.
Pero dicha recuperación requiere que su gestión y administración este en manos
de los trabajadores, y no del Estado pro-oligárquico; de lo contrario, en
lugar de la explotación directa, el gobierno corrupto intermediaria en la
gestión del saqueo multinacional. Poco efecto tendría para el pueblo (como
sucedió con la nacionalización de las minas bolivianas, 1952), a no ser que se
genere un contra-poder popular como mecanismo democrático de la producción y
administración de todos los recursos bolivianos. A la nacionalización, como
avance hacia la planificación económica, ha de dársele un componente de clase,
bien siendo controlada por asambleas de trabajadores o bien por el gobierno
revolucionario de los mismos. La demanda en sí, debe ser entendida como un
paso hacia la economía planificada, necesariamente acompañado de la
articulación de macro-estructuras anti-capitalistas de trabajadores.
La creación de esta red interconectada de asambleas populares obreras,
campesinas y de pueblos originarios es la única forma de hacer útil la segunda
de las demandas: La Asamblea Constituyente. Ésta no puede basarse en delegados
de partidos políticos, sino en representantes de cada sector mencionado,
emanados del seno de cada asamblea popular. Conocedor y temeroso del revulsivo
que este modelo de Asamblea Constituyente representa, el Gobierno de
Transición la pospuso indefinidamente (exactamente igual que hiciera el
gobierno ruso en 1917). Tras varias semanas de caos en el Congreso, se ha
visto obligado a fijar Julio de 2006 como la fecha para su celebración, bajo
la fuerte presión social.
El tercer tema pendiente, las autonomías, tiene dos vertientes opuestas. La
sostenida por la oligarquía como respuesta al conflicto, que busca la
autonomía segregacionista como mecanismo de defensa del privilegio, intentando
exonerarse de responsabilidad colectiva, evitando la solidaridad económica y
fiscal con las provincias más pobres. La oligarquía santacruceña, criollos
hacendados y colonos extranjeros (sobre todo alemanes), ante la amenaza a sus
intereses, se escudan en delirios de soberanía para protegerse de la rebelión.
No obstante, no dudan en utilizar otros medios fuera de este discurso, como es
el uso de grupos de choque racistas y fascistas (Unión Juvenil Cruceñista,
Camisas Blancas, Falange Unzaguista,...).
La segunda vertiente es la del sector indígena rupturista, comandado por el
Movimiento Indígena Pachacutik (MIP). Estos, no reclaman autonomía
departamental dentro del Estado Boliviano, sino superar las fronteras
impuestas y volver a la consolidación del Qullasuyu. Ello representaría la
autodeterminación quechua, aymará y tupí-guaraní, para retornar a sus
ancestrales sistemas de espiritualidad, educación, productivos y de
representatividad. Pero, dados el sistema de producción comunal indígena, su
cosmovisión armónica con la naturaleza y su división en comunidades de
representación propia y rotativa, su filosofía no debiera ser contradictoria
con las aspiraciones de la izquierda tradicional. De hecho, un diálogo
profundo para sentar las bases comunes en todas las áreas, es esencial entre
el eje revolucionario de clase y el eje revolucionario indígena.
6.- DUALIDAD DE PODER
La Revolución de 1917 retomó la experiencia democrática de los soviets de
1905, consolidando su existencia hasta la creación de una dualidad de poder en
Rusia. Por un lado, el poder débil y emergente de estas asambleas de delgados
obreros y, por otro, el poder oficial del Gobierno Provisional, mantenido
gracias al pacto indirecto pero formal con los soviets. Este es el vínculo que
imposibilitaba el derrocamiento de la socialdemocracia liberal. Entendiéndolo
así, Lenin instó a la reestructuración del programa y tareas del Partido
Comunista, para un trabajo denodado en el interior de los soviets. Como
consecuencia, las asambleas de delegados obreros revitalizaron las ideas
provenientes de la experiencia de la Comuna de París, entendiendo que la
fuente de poder no emana de una ley, sino de la conquista revolucionaria del
mismo. Una vez destruidas públicamente las tesis de los chovinistas como
Plejánov y los “centristas” (que oscilan entre el marxismo y el chovinismo)
como Kautsky, la dualidad sufrió un imparable desequilibrio a favor del polo
obrero y campesino.
En Bolivia, los partidos tradicionales y conservadores intentarán que las
posibles reformas que conlleven las elecciones y la Constituyente, se
enmarquen en decisiones ejecutivas o de imagen política, sin afectar a la base
estructural del sistema neoliberal imperialista. Los movimientos sociales
deben aspirar justo a lo opuesto, a que la movilización sea el medio para
transformarse en instrumentos políticos de lucha, herramientas capaces de
retar la estructura sobre la que reposan todos los problemas del país. Es
decir, luchar por la reafirmación de una dualidad de poder antagónica, que con
la práctica se muestre insostenible y se vierta del lado de los oprimidos.
La construcción de la dualidad se refiere tanto a la relación de fuerzas entre
revolucionarios y reaccionarios, como a la conquista del espacio físico vital.
En este sentido las posibilidades de llegar al control político, pasan también
por la construcción expansiva de dicho control de manera territorial, mediante
espacios liberados. Algunas partes del norte del altiplano aymará y del
Chapare, el Norte de Potosí y los distritos más radicalizados de El Alto,
pudieran ser los escenarios iniciales de estos procesos históricos de
construcción territorial del poder político de los movimientos sociales. Por
ejemplo, cuando el corrupto Hormando Vaca Díez estuvo a punto de asumir la
presidencia, además de una posible guerra civil, se planteó la posibilidad de
que ciertas zonas como El Alto no le reconociesen e iniciasen el autogobierno
de la ciudad.
Por lo tanto, de lo que se trata es de dar un segundo salto cualitativo en la
lucha e implementar estrategias ofensivas extra-parlamentarias, que puedan
conformar programas unitarios entre los agentes sociales. Un ejemplo es
restándole espacio de acción al poder oficial, mediante la oferta de apoyo
jurídico, médico, educativo o recreativo a los ciudadanos, gestionado por los
propios movimientos sociales. Resolver los problemas básicos, como palanca
para concienciar e implementar la participación política. La consolidación de
redes de asambleas de trabajadores y campesinos medirá las posibilidades de un
frente común de lucha “legal” contra los oligarcas en los comicios programados
para el 4 de Diciembre. Pero, será la solidez de la estrategia
extra-parlamentaria la que determine la dirección de la estrategia
parlamentaria en cualquiera de los dos casos posibles:
1.- Fraude electoral de los conservadores, manipulación de la Asamblea
Constituyente para minimizar su influencia, o anular su celebración. En
cualquiera de estos casos la implantación territorial y organizativa de los
movimientos, sería capaz de dar una respuesta inmediata y unitaria, con la
posibilidad de toma del poder por medio insurreccional.
2.- Representación parlamentaria significativa de los trabajadores o
transformación real en el marco de la Constituyente. En este caso, los
representantes obreros y campesinos estarían sujetos, férreamente sometidos a
la voluntad popular, siendo su trabajo no más que una expresión de ésta. El
tejido social a desarrollar en los próximos meses funcionará como vacuna
contra las tentaciones del oportunismo futuro.
Esta necesaria táctica de unidad se ha plasmado tarde en las pasadas
movilizaciones de Mayo-Junio. La creación de la Asamblea Popular Originaria
llegó el 6 de Junio, al final del conflicto directo, dejando su capacidad de
influencia muy mermada. Este error habrá de evitarse de cara a las futuras e
inevitables confrontaciones, empezando a preparar el instrumento de lucha
político que pueda operar tanto en ámbito de la legalidad como fuera de ella.
7.- CONCLUSIONES
El problema boliviano es endémico y cíclico, ocasionado por la metodología
despiadada del imperialismo. El saqueo histórico se ha producido mediante
prebendas y sobornos a una minoría criolla, creando un conflicto de clase
insoportable, debido a la aplastante pobreza estructural que el capitalismo no
es, ni será capaz de resolver. Las condiciones objetivas para el cambio
revolucionario son innegables.
La dominación económica a las mayorías es tan brutal, que su alzamiento no
puede ser contenido mediante la dominación ideológica (alienación),
favoreciendo un primer escenario de las condiciones subjetivas: el instinto de
clase. Este se manifiesta periódicamente como resultado de crisis insalvables,
orientado por necesidades materiales y factores psicológicos. Pero en los
últimos cuatro años, coincidiendo con la mayor articulación de los
movimientos, este instinto se está transformando en conciencia de clase con
objetivos concretos, orientado por el entendimiento del conflicto de clases.
Es por este motivo que la meta de la conquista del poder aparece en la escena
política.
El fortalecimiento de la conciencia de clase, primero en las bases de las
organizaciones, y luego en barrios, comunidades, centros de estudio, etc. es
el primer factor de éxito. Habrá que luchar contra la dispersión de la
dirección revolucionaria, creando ejes de trabajo y orgánicos urgentes. En las
“Tesis de Abril”, Lenin ataca una de las excusas de la socialdemocracia para
evitar el derrocamiento del régimen burgués: “El proletariado no está
organizado, es débil, le falta conciencia”. Los dirigentes bolivianos están
empezando a entender que la organización es creciente y, que la clave no es si
el pueblo está o no preparado, sino en cómo y para qué se le está preparando.
Ninguno de los partidos tradicionales va a nacionalizar los hidrocarburos
bolivianos, y esgrimen como razón la actual crisis económica de Bolivia. Una
vez más, una de las excusas de Chjeídze, Tsereteli y Steklov para no derrocar
a la burguesía era la amenaza de un crac económico, pero precisamente por esa
razón se hacía urgente la eliminación de la clase opresora. Pero la Revolución
de Octubre contaba con el apoyo armado de los soldados para llevarla a cabo.
En el caso boliviano esa opción no es clara. Históricamente la policía se
mantiene fiel al sistema, pero las Fuerzas Armadas en un país pobre de
conscripción forzosa son susceptibles de fractura, debido a los jóvenes de
origen humilde que engrosan sus filas. Por ejemplo, en Octubre de 2003 varios
soldados fueron ejecutados por sus oficiales ante la negativa a disparar
contra manifestantes desarmados. Ante la eventual necesidad de una estrategia
insurreccional, evaluar la posibilidad del trabajo político con estos jóvenes,
debiera ser más que una especulación.
A cinco meses para las elecciones generales y un año para la convocatoria a la
Asamblea Constituyente, la vanguardia revolucionaria de los movimientos, los
sindicalistas de la COB, han identificado la urgencia histórica de crear el
instrumento político para el cambio con la antelación debida. En los próximos
meses, están programados varios encuentros nacionales en los que se definirá
el grado de cohesión de los movimientos sociales y las bases comunes para un
eje programático transformador.
Por último, en el caso de una victoria popular (por cualquiera de las vías
posibles) será imprescindible consolidarla en varios ámbitos:
- Llevando a cabo de forma inmediata las demandas que originaron el alzamiento
(recuperación de recursos, gestión popular y transparente de los mismos,
eliminación y/o reestructuración democrática de determinadas instituciones) .
- Garantizando la operatividad de las asambleas populares de trabajadores y
campesinos, la subordinación de los representantes a sus decisiones, impedir
el enriquecimiento de delegados. Combate fiero al oportunismo.
- Satisfaciendo necesidades alimenticias, educativas y de salud, mediante
programas urgentes. Ello contribuirá a la definitiva alianza de los más pobres
con el Gobierno Obrero-Campesino.
- Inmediata creación de un Ejército Popular comprometido con el proceso,
cesando a los elementos fascistas y pro-oligárquicos existentes en el actual.
- Ante hipotéticas amenazas imperialistas de invasión militar, extorsión,
bloqueo económico o guerra sucia, es imprescindible abrir con anticipación los
canales que lo impidan. Esto ha de ser forzosamente creando alianzas a nivel
continental, con aquellos que plantean modelos alternativos en la esfera
social, política, comercial, económica y de cooperación, hoy representados
fundamentalmente por la República de Cuba y la República Bolivariana de
Venezuela. Esta última cuestión es fundamental para evitar revertir el
proceso, para profundizarlo, pues no cabe duda de que ello tendría un efecto
inmediato en Perú y Ecuador. Una alternativa basada en la cooperación de los
pueblos, la independencia y el anti-imperialismo ya se está construyendo. Es
imprescindible para la supervivencia en Bolivia de un modelo socialista que
sus líderes piensen en plano continental, con la convicción de que se presenta
la posibilidad histórica de conformar la unidad soberana y digna con la que
soñaron Martí, Bolívar, Sandino y Guevara, entre muchos otros.
¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!