Fidel, la muerte y Francisca
por Ilse Bulit
El narrador cubano Onelio Jorge Cardoso, entre sus numerosos
cuentos reveladores de los vericuetos del alma nacional, ostenta el título
“Francisca y la muerte”. La anécdota es sencilla, pero como toda la obra de este
autor apodado por su pueblo como “el cuentero mayor”, regala instrucciones
gratuitas para hallar la piedra filosofal.
La muerte con todos sus atributos viene en busca de la anciana Francisca. Los
vecinos le dan indicaciones del camino tomado por la mujer, símbolo de la
inteligencia, la la laboriosidad, la perseverancia, la tenacidad y las ganas de
servir a los demás. A donde quiera que llega la muerte, Francisca no está. Ha
finalizado su labor aquí y parte hacia allá para ayudar a otros. El sol cubano
y las malezas hacen chorrear sudor a la parca que apenas puede con su escondida
guadaña. Desilusionada se marcha. Francisca, por esta vez, ganó la partida.
Así, Fidel ha ganado la partida a los modernos descendientes de los Borgias en
eso de inventar formas de asesinar. En el agua, en la tierra, en el cielo, han
tratado de eliminarlo y en vano; a pesar de las aleaciones mentales de fórmulas
químicas con muñecos clavados con agujas.
Por el momento, también Fidel ha ganado la partida. Ni las argucias asesinas, ni
los accidentes imprevistos, ni el fuerte e ineludible abrazo de los años.
Fidel cumple 80 años.
Que sea para bien, como decían las abuelas.
Ya sus manos perfectas para el amor, presentan manchas como su rostro, aquel
rostro sonrosado y terso que invitaba a la caricia, tanto a las féminas de
izquierda como a las de derecha.
Por este párrafo asomaba la crónica dedicada al cumpleaños de Fidel cuando su
proclama paralizó mis dedos.
¿Ganaría la Muerte esta pelea?
Su cuerpo dolorido y enfermo, aunaba a los cubanos como cuando fuerte y
elástico, de un salto descendía de aquel tanque en plena batalla de Playa Girón.
La sangre de sus intestinos era saboreada por la escoria miamense que con su
fiesta sin motivos, mostraba al mundo su ralea inhumana.
En la herida de su vientre, trata Bush de plantar la bandera de su
“democracia”. Como el águila de la mitología griega pretendía devorar los
intestinos de aquel Prometeo, dador del fuego a los hombres. En verdad, todas
las leyendas recreadas por la humanidad. Reflejan su día a día sobre la tierra.
Aún con dolor en las entrañas, con idéntica previsión ante las cientos de
situaciones difíciles enfrentadas por Cuba, mostraba Fidel su mano firme en el
timón de los acontecimientos. Todo estaba previsto.
Miento. Todo no estaba controlado. Fidel no lograba contener la tristeza de
tanto hombre y mujer que esperan, ansiosos, por las noticias.
Para ustedes, hermanos y hermanas, el final del cuento del cubano Onelio Jorge
Cardoso.
Cuando un amigo le pregunta a Francisca por la fecha de su muerte, ella
responde:
“Nunca, siempre hay algo que hacer”.
Los personajes de los cuentos viven hasta el último deseo de sus creadores.
Las personalidades de la historia viven mientras vivan sus ideas en las
multitudes.
ilsemar2005@yahoo.es
Autorizada la
reproducción siempre que se cite a la autora y al diario digital inSurGente.
Copyright © por inSurGente.org Derechos Reservados.
Publicado en: 2006