| Nueva York,
29 de octubre de 2008
Señor Presidente;
Querido padre Miguel D’Escoto. Saludo otra vez su elección y su presencia en
este debate. Usted encarna aquí hoy la voz de los pueblos, la voz de los
humildes. Usted puede, Padre, contar con Cuba.
Señores delegados:
Como cada año, desde 1992, comparecemos ante la Asamblea General de las
Naciones Unidas para reclamar el levantamiento del ilegal e injusto bloqueo
impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba desde hace ya
casi cincuenta años. Siete de cada diez cubanos han pasado toda su vida bajo
esta política irracional e inútil, que intenta sin éxito poner de rodillas a
nuestro pueblo. El bloqueo es más viejo que el señor Barack Obama y que toda
mi generación.
La votación que tendrá lugar dentro de unos minutos ocurre en circunstancias
muy particulares, tras el paso devastador por Cuba de dos poderosos
huracanes, cuando solo faltan seis días para las elecciones en Estados
Unidos y en el escenario de una profunda crisis financiera internacional
frente a la que ninguno de nuestros países es inmune.
Más de 500 mil viviendas y miles de escuelas e instituciones de salud
afectadas, un tercio del área cultivada devastada y una severa destrucción
de la infraestructura eléctrica y de comunicaciones, entre otros daños, es
el resultado de fenómenos naturales nunca antes vistos y que constituyen una
prueba de los efectos del cambio climático para los países del Caribe.
Si la pérdida de vidas humanas fue mínima, ello fue el resultado del enorme
esfuerzo realizado previamente por las autoridades y el pueblo, que permitió
evacuar y proteger en lugares seguros a 3.2 millones de personas. A fin de
cuentas, era Cuba y no New Orleáns cuando el huracán Katrina.
Pese a los cuantiosos daños y la devastación provocada por los huracanes, a
ningún enfermo en Cuba le ha faltado asistencia médica y todos los niños
cubanos y los 30 mil jóvenes de 125 países que estudian becados en nuestras
universidades están ahora mismo asistiendo a clases. Nadie ha quedado ni
quedará abandonado.
En nombre del gobierno y el pueblo cubanos, quisiera expresar nuestro
profundo agradecimiento a todos aquellos que, de una forma u otra,
manifestaron su solidaridad y respaldo a Cuba en esta dramática coyuntura.
Hasta la fecha, hemos recibido ayuda procedente de 64 países.
En contraste con la amplia solidaridad recibida y con las afirmaciones
hechas aquí esta mañana por el representante del gobierno de los Estados
Unidos, a cuyas palabras daré debida respuesta más adelante, en contraste
con ello, el gobierno de los Estados Unidos ha respondido con su habitual
cinismo e hipocresía. Mientras se negó a acceder a nuestra solicitud de que
nos permitiera comprar a empresas norteamericanas con créditos privados,
aunque fuera por seis meses, alimentos y materiales indispensables para la
reconstrucción, por otro lado ha intentado orquestar una burda campaña de
propaganda con la que pretende acusar a nuestro gobierno de no ocuparse de
su pueblo.
Cuba, por su parte, ha actuado apegada a sus tradicionales posiciones de
principio. No podemos aceptar una supuesta ayuda de quienes han recrudecido
el bloqueo, las sanciones y la hostilidad contra nuestro pueblo.
Cuba no ha solicitado al gobierno de los Estados Unidos que le regale nada.
Simplemente hemos pedido que se nos permita comprar.
La Administración del presidente Bush miente una vez más a la comunidad
internacional. Miente cuando declara haber otorgado licencias por 250
millones de dólares para ventas agrícolas a nuestro país tras el paso de los
huracanes. Las ventas de alimentos existen desde el año 2001, y no son —como
se ha pretendido explicar aquí— una decisión posterior a los huracanes para
ayudar a Cuba después del paso devastador de estos fenómenos meteorológicos.
Las ventas existen desde el año 2001, y adquirir estos productos es
únicamente posible bajo estrictas medidas de supervisión y tras un
enrevesado y burocrático proceso de otorgamiento de licencias caso a caso
por parte de numerosas instituciones del gobierno de los Estados Unidos.
Cuba, además, tiene que pagar al contado y por adelantado. La realidad es
que el gobierno de los Estados Unidos ha puesto cada vez más obstáculos para
limitar dichas compras.
Si al gobierno de los Estados Unidos realmente le preocupara el bienestar
del pueblo cubano, el único comportamiento moral y ético sería levantar el
bloqueo impuesto a mi país, violatorio de las normas más elementales del
Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.
Para que se tenga una idea de la magnitud de las afectaciones que ocasiona
cada año al pueblo cubano la política de bloqueo, solo en términos
económicos, bastaría con indicar que su impacto en un año casi equivale a la
estimación de los daños ocasionados de conjunto por los huracanes Gustav y
Ike.
Los huracanes son fenómenos naturales que se agravan en las condiciones del
cambio climático y el calentamiento global. Lamentablemente, no pueden ser
evitados. El bloqueo es una política genocida e ilegítima. A diferencia de
los huracanes, las autoridades norteamericanas sí pueden ponerle fin y
evitar al pueblo cubano su prolongado sufrimiento.
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los
Estados Unidos contra Cuba es el principal obstáculo tanto a la recuperación
del pueblo cubano tras el paso de los huracanes como a nuestro desarrollo
económico y social.
Cálculos muy conservadores revelan que el daño directo acumulado que ha
provocado el bloqueo a Cuba supera los 93 mil millones de dólares, casi dos
veces nuestro Producto Interno Bruto. Al valor actual del dólar, ese monto
equivaldría a no menos de 224 mil 600 millones de dólares. No es difícil
imaginar lo que Cuba habría alcanzado si durante estos casi 50 años no
hubiese estado sometida a esta brutal guerra económica a escala planetaria.
En abierto desacato a la voluntad expresa de la comunidad internacional y a
dieciséis resoluciones consecutivas de la Asamblea General, el gobierno de
los Estados Unidos adoptó durante este último año nuevas y más duras
sanciones económicas contra Cuba; arreció la persecución contra la actividad
de las empresas cubanas y de otros países; desplegó una demencial cacería
contra nuestras transacciones financieras internacionales, incluso cuando
intentamos realizar nuestros pagos a los organismos de las Naciones Unidas.
Su ensañamiento ha llegado al extremo de bloquear los sitios de Internet que
tengan vínculos con nuestro país.
Por otro lado, Washington incrementó a niveles sin precedentes el apoyo
financiero y material a las acciones para derrocar el orden constitucional
cubano. A tal fin, aprobó 46 millones de dólares adicionales destinados a la
subversión interna en Cuba y otros 39 millones para mantener las ilegales
transmisiones de radio y televisión contra nuestro país. Solo esos fondos
superan en ocho veces el monto de la supuesta donación ofrecida al pueblo
cubano tras el paso de los huracanes.
En un Informe elaborado por la Oficina de Auditoría del gobierno
norteamericano, publicado en noviembre del 2007, se reconoce explícitamente
que de los 20 programas de sanciones aplicados a diferentes países, el
bloqueo contra Cuba constituye el conjunto de sanciones económicas más
abarcadoras jamás impuestas por los Estados Unidos.
Señor Presidente:
El amplio y documentado informe presentado por el Secretario General con la
contribución de 118 países y 22 Organismos y Agencias Internacionales, me
releva de insistir aquí en los ejemplos que prueban que no hay aspecto de la
vida económica y social de Cuba que no esté afectado por el bloqueo
norteamericano.
Desde la imposibilidad de acceder a insumos y equipos para la cirugía
cardiovascular infantil, o de tomógrafos imprescindibles para la oncología
moderna, hasta la persecución con multas y cárcel a los ciudadanos
norteamericanos que viajen a Cuba e, incluso, a las agencias turísticas que
lo promuevan. El gobierno de los Estados Unidos debería explicar a esta
Asamblea por qué considera como enemigos a los niños cubanos enfermos del
corazón.
Mienten cada año ante esta Asamblea los representantes del gobierno de los
Estados Unidos cuando repiten que no existe tal bloqueo, y que sus medidas
no son las principales causantes de las carencias y sufrimientos que a lo
largo de estos años ha padecido y padece el pueblo cubano.
Señores delegados:
El bloqueo no es exclusivamente una cuestión bilateral entre Cuba y los
Estados Unidos. La aplicación extraterritorial de las leyes norteamericanas
y la persecución contra los legítimos intereses de empresas y ciudadanos de
terceros países —de los países que ustedes, señores delegados, representan
ante esta Asamblea—, es un tema que concierne a todos los Estados aquí
reunidos.
El bloqueo viola también, de manera flagrante, los derechos del pueblo
norteamericano. Quebranta su libertad de viajar, consagrada en la propia
Constitución de los Estados Unidos. El Departamento del Tesoro ha endurecido
en los últimos años su estricta política de rechazo a las licencias para
intercambios religiosos, profesionales, culturales y estudiantiles entre el
pueblo norteamericano y el pueblo cubano.
El bloqueo impide, además, las relaciones normales entre los cubanos que
residen en los Estados Unidos y sus familiares en Cuba.
Señor Presidente:
Dentro de unas horas será elegido un nuevo Presidente en los Estados Unidos.
Este deberá decidir si admite que el bloqueo es una política fracasada, que
cada vez le provoca un mayor aislamiento y descrédito a su país o si
persiste, con obcecación y crueldad, en intentar rendir al pueblo cubano por
hambre y enfermedades.
Desde esta tribuna, señores delegados, lo reitero:
Jamás podrán doblegar al pueblo cubano. Ni bloqueos, ni huracanes podrán
desalentarnos. No habrá fuerza humana o natural capaz de someter a los
cubanos. Si se quiere un ejemplo, ahí están esos cinco héroes cubanos,
luchadores contra el terrorismo, que han cumplido ya una década de injusto y
cruel encierro en cárceles norteamericanas, y que son un símbolo de la
determinación de nuestro pueblo de defender con dignidad su libertad e
independencia.
Agradezco a los oradores que me han antecedido por sus palabras de
solidaridad y aliento con el pueblo cubano, por su defensa del derecho de
Cuba, que es hoy también el derecho de todos los pueblos aquí representados,
por su defensa de la Carta y del Derecho Internacional.
Rechazo, letra por letra, las afirmaciones realizadas aquí por el
representante del gobierno de los Estados Unidos.
A usted, señor, le digo que ustedes, los representantes del gobierno de los
Estados Unidos en esta sala, deberían sentir vergüenza; ustedes están solos,
en la más profunda y absoluta soledad. El mundo está con nuestra pequeña
isla rebelde.
Y le aclaro, señor, no somos antinorteamericanos, somos antimperialistas; no
profesamos a su pueblo odio, ni espíritu de revancha. Consideramos a su
pueblo también víctima, como nosotros, de la política ilegal y absurda de su
gobierno.
Se necesita, señor, algo más que poderío y fuerza militar —ustedes deberían
saberlo ya—: se necesita autoridad moral.
Ustedes tienen la fuerza, es verdad; pero nosotros tenemos la razón.
Ustedes no tienen argumentos, ustedes repiten cada año la misma sarta de
ideas inconexas y superfluas; nosotros tenemos todos los argumentos, están
en los documentos aquí distribuidos y están en nuestras palabras.
Su Secretaria de Estado no viene a esta Asamblea, a este momento, no solo
por arrogancia, es que no tiene nada que decir; hay también temor y
vergüenza en esa decisión.
Ustedes amenazan; nosotros no amenazamos jamás. Nosotros solicitamos apoyo a
esta Asamblea, con respeto y con hidalguía.
Ustedes usan la mentira; nosotros usamos la verdad.
Ustedes castigan a nuestros niños, a nuestros ancianos, a nuestros enfermos;
nosotros no culpamos a su pueblo, su pueblo es víctima también. Les
ofrecimos nuestros médicos dispuestos a arriesgar sus vidas y a ofrecer su
talento cuando el huracán Katrina, para salvar vidas y aliviar el dolor;
ustedes no lo permitieron. Un día deberán responder por esa decisión.
Su Presidente dejará en unos días su cargo. Apretó el bloqueo contra Cuba a
límites insospechados, llevó la guerra económica contra nuestro pueblo a
niveles esquizofrénicos, nos amenazó con el cambio de régimen; sin embargo,
se va sin lograrlo, es el número diez que habrá pasado por aquí repitiendo
la misma política fallida e ilegal.
Es verdad que hace falta un cambio en los Estados Unidos y sus políticas. Es
verdad que we need a change, y es verdad también que hay que cambiar el
mundo en que vivimos, el de la imposición y el chantaje, y hay que construir
un mundo donde se respete el derecho de todos los pueblos.
Le digo a usted que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, como
afirmó el gran Abraham Lincoln, respetado también y a quien rinde tributo
nuestro pueblo.
Usted ha dicho que su política es harto conocida, y es verdad. Su política
es harto conocida, lo que no se conoce es por qué ustedes la mantienen ante
el rechazo universal y de su propio pueblo.
Usted ha dicho que ustedes defienden el derecho de realizar comercio con los
países que deseen.
Ustedes pueden decidir no realizar comercio con un país, pero ustedes no
tienen derecho a perseguir a sus empresarios porque quieran comerciar o
invertir en Cuba, y mucho menos a perseguir a los empresarios de otros
países con la Ley Helms-Burton y con otras legislaciones extraterritoriales.
Usted pide que esta Asamblea no examine la resolución que Cuba ha presentado.
Nosotros insistimos a la Asamblea en la importancia y la necesidad de
discutir esta resolución y aprobarla, porque aquí no solo se dirime el
derecho de Cuba, sino el derecho de todos.
Usted ha hablado de una «danza de los millones», ha repetido una retahíla de
cifras y de millones que supuestamente ustedes han ofrecido.
Es verdad que nos ofrecieron 5 millones cuatro veces y lo rechazamos, porque
nuestra dignidad no se puede comprar ni con 5, ni con 500, ni con 5 000, ni
con 500 000 millones. Se lo advertimos, si esa es la ilusión.
Usted ha dicho que son inaceptables las palabras del embajador Jorge Bolaños,
jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington. Yo se las repito otra
vez aquí, una por una: «El bloqueo es una política genocida e ilegal y debe
ser levantado de inmediato, respetando el clamor dieciséis veces ya
expresado por esta Asamblea.»
Finalmente, señores delegados, quisiera compartir con ustedes el sentimiento
que embarga en este momento a nuestro pueblo, que allá en nuestra isla sigue
de cerca este debate.
Cuando mi hijo nació, en 1995, ya esta Asamblea General votaba contra el
bloqueo norteamericano contra Cuba; ya mi hijo tiene 13 años.
Cuando nació mi hija en el año 2000, ya esta Asamblea había votado ocho
veces contra el bloqueo; ya mi hija tiene 8 años.
¿Hasta cuándo los niños y los jóvenes cubanos tendrán que esperar para que
se haga justicia?
¿Hasta cuándo el pueblo cubano, que ha recibido el apoyo unánime de esta
Asamblea, tendrá que esperar para que se reconozca su derecho y se haga
justicia?
¿Hasta cuándo los jóvenes norteamericanos tendrán que enfrentar el que se
les multe y se les encarcele por intentar visitar nuestro país, conocer
nuestras universidades y nuestros estudiantes?
¿Hasta cuándo se considerará delito para un ciudadano de otro país, de los
que ustedes representan señores delegados, intentar comerciar o invertir en
Cuba?
¿Hasta cuándo se intentará rendir por hambre y enfermedades a esos niños que,
como mis hijos en Cuba, sueñan y creen que un mundo mejor es posible; un
mundo donde se respete la dignidad, la independencia y la libre
determinación de todos los pueblos?
El representante de los Estados Unidos ha pedido a esta Asamblea no apoyar
nuestra resolución.
Nosotros les pedimos a ustedes, con todo respeto, apoyar a Cuba, apoyar
nuestro derecho, apoyar nuestra resolución.
En nombre de ese pueblo cubano, mil veces heroico, que a pesar de las
adversidades no ha sido ni será derrotado, al cual no han podido bloquearle
ni matarle la esperanza y la alegría, invoco nuevamente la solidaridad de
esta Asamblea.
Nuestro pueblo confía en la decisión que ustedes habrán de tomar dentro de
unos minutos. En nombre de Cuba, les solicito votar a favor del proyecto de
resolución titulado: «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial
y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba».
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