Comisión Ciudad, Cultura y Arquitectura 

 

LA CIUDAD EXISTENTE Y EL PATRIMONIO CONSTRUIDO

 

La arquitectura y la ciudad desempeñan un papel fundamental en la formación del ciudadano, son el lugar de la vida cotidiana. El derecho a disfrutar de una ciudad justa, implica el deber de preservarla como un legado de nuestra cultura a las futuras generaciones, pues las ciudades y pueblos cubanos constituyen el patrimonio más importante de la cultura material de la Nación. Representan parte sustancial de la memoria histórica cubana, de ahí el alto significado que han tenido en el proceso de formación de la identidad nacional.

Debemos pensar no solo en como conservar los valores existentes, sino también en como producir una arquitectura y un urbanismo de calidad que mejore el hábitat y con ello eleve el sentido de identidad y pertenencia de nuestro pueblo.
 
Muchas de nuestras ciudades y pueblos presentan hoy un panorama de deterioro generalizado debido a múltiples factores (falta de una política de mantenimiento sistemático, el bloqueo impuesto y el extenso período especial con sus limitantes económicas). Es necesaria una política prioritaria de lo urbano y arquitectónico en los programas de desarrollo nacionales. Las ciudades no deben verse como fuente de problemas, sino como concentración de potencialidades.

Vemos como amenazas generales:

1. Envejecimiento físico y humano de las ciudades.
2. Indisciplina social relacionada al mal estado de la vivienda y a la sordidez del ambiente urbano en determinadas zonas de la ciudad.
3. Falta de mantenimiento y déficit generalizado de viviendas.
4. Desgaste de la gobernabilidad urbana, por la erosión de los mecanismos de participación cotidiana y barrial; la falta de conexión entre el ordenamiento urbano y la estrategia de desarrollo de la ciudad; déficit de financiamiento para los planes que además no son tenidos suficientemente en cuenta por los que deciden; separación de todo lo relativo a la gestión de la vivienda (80% del fondo construido) del sistema de la planificación física; falta de control urbano e irrespeto generalizado de las regulaciones urbanísticas, tanto desde el sector privado como del estatal.
5. Ausencia de una política de mantenimiento.
6. Deterioro ambiental, caracterizado por el mal estado de las redes hídricas y la insuficiencia de los servicios comunales.
7. Aumento del transporte privado y el déficit del transporte público.
8. Pérdida de identidad, pues la arquitectura y los espacios urbanos son lugares de socialización y memoria por lo que el deterioro generalizado atenta permanentemente contra el sentido de identidad.

Al mismo tiempo pensamos que nuestras ciudades y pueblos poseen diversas fortalezas:

1. Conservación de un valioso patrimonio, muy variado y cualificado.
2. Alto nivel científico y de instrucción de nuestra población.
3. Existencia de estructuras organizativas barriales y de marcos institucionales para la planificación y protección del patrimonio.
4. Existencia de experiencias exitosas de gestión del desarrollo, como las del Centro Histórico de La Habana, gestionada por la Oficina del Historiador y otras similares en las ciudades de Santiago de Cuba, Trinidad, Camagüey y Cienfuegos.

Estamos expuestos a nuevos riesgos que debemos revertir en oportunidades:

1. La apertura al mundo.
2. La participación del capital extranjero en un sentido de co-desarrollo.
3. Nuevas formas organizativas y jurídicas socialistas como cooperativas para la fabricación y reparación de viviendas, producción de materiales de la construcción, servicios, transporte.
4. Producción de viviendas por esfuerzo propio y de “viviendas con destino”.

EL CASO CRÍTICO DE LA CAPITAL CUBANA

La capital representa el tesoro construido más importante del patrimonio cultural y espiritual del país, lo que constituye su propio valor económico y simbólico. Ella es una excepción entre las capitales regionales, ciudad modélica a la escala del ciudadano con una capacidad didáctica demostrativa del devenir arquitectónico y urbano de todas las épocas. La Habana ameritaría una declaratoria de alto valor patrimonial, más allá de su reconocido Centro Histórico. Este valor excepcional de poder convertirse en un paradigma urbano universal solo lo tienen contadas ciudades en el mundo.

En La Habana todos los problemas se agudizan. El precario estado en que se encuentra gran parte de la ciudad de La Habana y su fondo de vivienda - donde vive la quinta parte de los cubanos -, el alto costo que implicaría su recuperación, así como el terrible impacto que sufriría la misma ante la posibilidad real de ser afectada por un evento natural de gran intensidad, serían razones suficientes para una atención priorizada por la Nación.

CONSTRUIR EL PORVENIR DE NUESTRAS CIUDADES

Hay que contar con un Plan de Ordenamiento resultante de un Plan Estratégico, que tenga respaldo jurídico y económico. Se impone, a la luz de nuevos retos revisar una legislación que ha sido superada por la realidad. Renovar la ciudad requiere de fuertes financiamientos que puede provenir de diversos escenarios complementarios entre sí:

Asignación centralizada de recursos. La gestión de los recursos debe ser a través de la administración pública a diversas escalas. A esos niveles deberá discutirse la asignación y distribución del presupuesto, así como rendirse cuentas de su uso. La asignación de presupuestos nunca será sectorial pues ello impide la imprescindible articulación con los planes y estrategias para garantizar el balance territorial.

Generación local de recursos. Tomar como ejemplo la experiencia de la OHCH, donde la mayoría de las divisas recaudadas provienen del comercio minorista, existente en otras zonas de la ciudad. Existen recursos desaprovechados en el suelo y en el fondo inmobiliario explotables a través de un sistema impositivo local. Además podrían accionarse mecanismos de participación ciudadana, pues las pequeñas pero numerosas aportaciones familiares pueden tener un impacto apreciable.

Recursos internacionales. Para lo cual es necesario dotarse de conocimientos, mecanismos y disposiciones que permitan a las ciudades negociar procesos de codesarrollo con el capital extranjero, sin que ello suponga el abandono de los principios de justicia social y de soberanía que deben prevalecer.

FORMACIÓN PROFESIONAL, PRÁCTICA CREADORA DEL ARQUITECTO Y EJERCICIO DE LA CRÍTICA, LA DIVULGACIÓN Y LA INFORMACIÓN

Obtener los recursos necesarios para la recuperación y desarrollo de las ciudades no garantiza por si solo una producción arquitectónica y urbana de calidad, para ello sería imprescindible tener en cuenta varios factores fundamentales

En este sentido identificamos igualmente diversas amenazas
1. Deficiente calidad de la producción actual de la arquitectura y el urbanismo.
2. Insuficiente formación profesional del arquitecto.
3. Ausencia de formas alternativas para la producción de la arquitectura y el urbanismo.
4. Reticencia a reconocer el papel de la crítica.
5. Interpretación simplista de ciertos códigos arquitectónicos de la tradición nacional y de inadecuados modelos foráneos que se han generalizado tanto en el sector estatal como en el privado.

Pensamos que esta situación también presenta oportunidades
1. Aparición de nuevos espacios para la información sobre arquitectura y urbanismo en los diferentes medios de comunicación.
2. Existencia de asociaciones de profesionales y convocatorias a concursos.
3. Práctica arquitectónica compleja, paradójica y transdisciplinaria.

RECOMENDACIONES

Proponer a la dirección del país la necesidad de trazar una política para atender de manera urgente la situación de deterioro de nuestras ciudades, especialmente para la ciudad de La Habana, así como para el estado de la producción arquitectónica y urbana del país.

Esta política tendrá en cuenta:

1. Priorizar la construcción de viviendas en la ciudad tradicional.
2. Desarrollar paralelamente una política sistemática de mantenimiento y reparación del fondo construido.
3. Derivar los Planes de Ordenamiento Urbano de los Planes Estratégicos.
4. Buscar los mecanismos para que los decisores respeten y cumplan los planes de ordenamiento territorial y urbano.
5. Asignar recursos con una visión territorial y no solo sectorial.
6. Estudiar las relaciones funcionales entre el sistema de la vivienda y el de la planificación física.
7. Divulgar las regulaciones urbanas y fortalecer la actividad de control urbano.
8. Divulgar las medidas tomadas con los infractores de las regulaciones.
9. Recuperar los usos tradicionales según tipologías arquitectónicas y sectores de la ciudad.
10. Recuperar la cultura del detalle en la arquitectura y el urbanismo, así como la cultura de los oficios que la hacen posible.
11. Desarrollar un eficiente trasporte público.
12. Reparar la red vial y las redes hídricas.
13. Atender de manera especial el manejo de los desechos sólidos.
14. Enfrentar de manera enérgica las actitudes vandálicas, incivilizadas y marginales.
15. Reducir los contrastes entre los diferentes sectores de la ciudad; atender de manera priorizada los asentamientos marginales y los barrios periféricos de nuevo desarrollo.
16. Contemplar en los planes de estudio de arquitectura el acercamiento y trabajo conjunto entre diferentes disciplinas humanísticas y artísticas así como potenciar la formación cultural en la enseñanza de la arquitectura.
17. Ampliar y diversificar el claustro docente y garantizar condiciones necesarias para su actualización y buen desempeño. El estudio de nuestras ciudades y patrimonio valioso debe ser paradigma de una nueva enseñanza.
18. Influir para devolver a la arquitectura y a la ciudad su dimensión cultural, mediante la crítica especializada y la aparición en los medios, en la búsqueda de una mayor educación ciudadana.
19. Incidir en la formación de niños y jóvenes, a favor de un conocimiento y aprecio hacia el patrimonio cultural de nuestras ciudades.
20. Desarrollar los medios digitales para la actualización profesional, pues hay instituciones capaces de explotarlos.
21. Estudiar nuevas formas de organización de la actividad de proyectos, donde el taller y el equipo sean las células básicas de la creación arquitectónica y urbana, en la búsqueda de la diversidad.
22. Analizar la creación de un Instituto de Proyectos con suficiente autonomía funcional que permita restituirle a la arquitectura y el urbanismo la calidad y trascendencia cultural necesarias.
23. Involucrar a prestigiosos arquitectos extranjeros, en proyectos significativos para la ciudad, siempre acompañados de una contrapartida de arquitectos locales.
24. Propiciar el surgimiento de nuevos modelos para la arquitectura del futuro. La Sociedad de Arquitectura de la UNAICC y la UNEAC, pueden contribuir al estudio de otras formas alternativas de la actividad de los proyectos para obras significativas.
25. Estimular la convocatoria de concursos de urbanismo y arquitectura, como forma de elevar la calidad de estas disciplinas, a través de la Sociedad de Arquitectura de la UNAICC, la UNEAC y otros organismos interesados en el tema.
26. Potenciar la experiencia del arquitecto de la comunidad como asesor y soporte técnico en todos los aspectos del control urbano, el diseño y la construcción por esfuerzo propio.
27. Recuperar la autoridad técnica y social del arquitecto y su equipo y reconocerle el derecho de autor.
28. Fortalecer los gobiernos locales y sus instituciones desacapitalizadas.
29. Generalizar la experiencia de la Oficina del Historiador de La Habana en el Centro Histórico al resto de la ciudad, y estudiar su aplicación en otras ciudades del país que poseen un patrimonio cultural significativo. Resaltar en las ciudades que ya tienen entidades de este tipo la necesidad de contar con un sistema sustentable de autofinanciamiento.
30. Dar continuidad a este foro de intercambio y concertación de ideas que se ha abierto con motivo de la celebración del VII Congreso de la UNEAC. Proponemos que la comisión Ciudad, cultura y arquitectura se convierta en un órgano de consulta y asesoría permanente.

A MANERA DE CONCLUSIONES
 

Las ciudades y la arquitectura de Cuba se encuentran en una encrucijada, la de asumir retos y riesgos, que deben ser enfrentados a través de una política cultural específica del entorno construido, que guíe las acciones tanto estatales como privadas. Se trata de un desafío que se abre a nuestra inteligencia y creatividad, al sentido nacional de pertenencia y a la vocación universal que siempre ha caracterizado a nuestro pueblo.

El Congreso de la UNEAC, desde la profunda perspectiva cultural que le da sentido y trascendencia social, tiene igualmente la responsabilidad de subrayar la gravedad y urgencia del tema y algunas posibles vías para resolverlo.
 
De lo que hagamos hoy en nuestro entorno, del tipo de arquitectura y ambiente urbano que construyamos y dejemos a la posteridad, dependerá en buena medida lo que en el futuro se pensará de nuestro esfuerzo, de nuestra obra social y de nuestra cultura.

Debemos afrontar el gran reto de salvaguardar nuestras ciudades y construir sabiamente el patrimonio arquitectónico y urbano del futuro para defender uno de los pilares fundamentales de la identidad de la Nación