La castración del gato o gata, ¿bueno o malo?
Walfrido López
El amo de un animal joven que acude ante el veterinario por problemas de salud, será atendido como establecen las normas médicas: el profesional escuchará por qué usted concurre a la consulta médica (forma parte de la anannesis) con esa calma chicha tan propia de la profesión.
Después realizará la exploración clínica acopiando todo tipo de información que pueda resultarle útil y, de considerarlo necesario, indicará exámenes de laboratorio rutinarios o pruebas especiales, bien para esclarecer el diagnóstico; bien para evaluar el grado de afectación de una enfermedad ya diagnosticada.
El episodio de salud puede durar unos días o semanas y, al término, el enfermo recuperará la salud o por el contrario...
Si el animal retorna a ser aquel gato juguetón y vivaz que usted tenía en casa, le aseguro que su veterinario le dará una perorata acerca de las ventajas de su castración.
Todos actuamos igual porque concebimos en la esterilización del macho o la hembra un margen de seguridad para el animal, la tranquilidad para su propietario y ¿por qué no decirlo? Ese equilibrio mental que nos invade cuando estas haciendo bien las buenas normas de conducta médica.
La castración de los felinos es una de las cirugías más comunes en la clínica veterinaria de nuestros días y en la mayoría de los casos obedece al deseo expreso del propietario en aras de evitar crías indeseables; sin embargo, existen desórdenes orgánicos en los cuales la extirpación es una prescripción médica.
Las infecciones uterinas, bien endometritis o piómetras son complicaciones graves de salud. En ellas, el pus se acumula en la matriz unas veces encerrada sin sintomatología alguna; otras, la infección toma vía sanguínea y crea una septicemia generalizada que cercena la vida de la reproductora. No son pocas las ocasiones en que se acude a la clínica porque la gata “esta expulsando pus por sus partes”.
Se sabe que anomalías como el celo persistente están asociadas a quistes ováricos u otros desórdenes hormonales obligan al ovario histerectomía inmediata. Tumores mamarios y celo persistente, obligan a la castración inmediata de la hembra.
En el macho, los tumores del testículo obligan a la rápida castración y de no realizarse hay peligro de su progresión, infiltración o metástasis a otros órganos.
Retomemos la perorata de su veterinario: si el animal es macho, le dirá que pierde ese espíritu agresivo de fierecilla que en mayor o menor grado siempre está presente; que ya castrado pierde la libido sexual y con ello, el hábito de vagabundear, cantar a gritos en las noches de amoríos y pelear con otros machos por la posesión de la hembra; que nunca tendrá abscesos, mordidas o arañazos de un adversario y que al permanecer todo el tiempo en casa, disminuyen las posibilidades de contraer enfermedades, en especial, los terribles virus felinos. En fin, que la convivencia con un gato castrado es más agradable.
Como es persona honesta, también le dirá las desventajas del eunuco, es decir, del macho sin testículos: disminuirá su vivacidad, ligereza y capacidad para el combate; perderá el hábito de vagabundear por calles, techos y azoteas y permanecerá más tiempo echado en su sitio de descanso, consumirá mas alimentos y, en consecuencia su silueta grácil que resalta ese don de la masculinidad, pasará al recuerdo porque engordará hasta, quizás, ponerse obeso.
Y usted, ya conocidos los pro y los contra, se enfrentará al eterno monólogo de Shakespeare: “Castrar o no castrar. ¡He ahí la cuestión!”
Si el animalito es hembra, ¡ah!, hará una arenga en pro de su operación inmediata explicándole con detalles innecesarios sus ventajas: evita ese casi gritar de la gata ruina; control real del numero de gatitos a nacer evitando sacrificios o abandonos aumenta la longevidad al eliminarse las posibilidades de una infección uterina y desarrollo de tumores mamarios.
En el envés de esta consejería, le dirá los inconvenientes: disminución del ejercicio y tendencia a la obesidad, aumento en el consumo de alimentos. Al final, no caben dudas: si castramos nuestro felino –sea hembra o macho- serán muchas más las ventajas que desventajas en todos los órdenes.
Los procedimientos empleados para la castración del macho felino a través de la historia, cuentan por sí mismos de todo lo que ha evolucionado el hombre, sus sentimientos y su ciencia. Veamos.
Castración al carbón: se empleó durante siglos y el procedimiento es tan sencillo como cruel. Consiste en atar un lazo corredizo en la base de los testículos y apretarlo ligeramente. Se toma un trozo de carbón encendido y se le pega muy cerca de ojos y boca del animal que, asustado, echa a correr dejando atrás sus facultades de semental.
Castración al portazo: después de colocar el lazo corredizo, el otro cabo del cordel se ata al picaporte de una puerta abierta. Se cierra la puerta de un tirón y ¡zas!
Castración al manguito: el gatito es enrollado, a modo de manguito, en una pequeña pieza de fieltro (mejor de cuero) y es inmovilizado por otra persona, quedando en manos del cirujano, ya libres, los testículos y unos 10 centímetros del tren posterior.
Originalmente, la intervención se realizaba sin emplear anestésico alguno, siendo el gran Berger (1921) quien le incorpora la narcosis con éter y, después, los anestésicos parenterales.
Los anestésicos por inhalación son muy seguros, pero tienen la desventaja de irritar las mucosas y las molestias que ello acarrea en el animal una vez recuperado…
En los días que corren, los veterinarios empleamos por igual los anestésicos por inhalación (éter, fluoretano, óxido nitroso y otros) o más simple una inyección de xilaxina combinada con anestésico local o ketamida.
En lo personal, siempre empleaba la ketamida desde su llegada a mis manos hace más de veinticinco años. Es en extremo noble y segura porque los gatos suelen tener una buena tolerancia a la dosis media y se requiere de la mitad si se premedica con un sedante; sin embargo, desde que los drogadictos la incorporaron a su mundo alucinante, se establecieron regulaciones para su control.
Hoy, ya droga estupefaciente, se hace muy difícil su tenencia y adquisición en Cuba y cualquier país. ¡No se que nos haremos los veterinarios para trabajar con margen de seguridad amplia en el futuro!
Hay variaciones de la técnica quirúrgica conocidas que paso a describir:
Siempre se realizará el rasurado del escroto y desinfección del campo operatorio.
a) Si inciden sendas heridas sobre las bolsas y se extraen los testículos, el cordón espermático es pinzado de completo con unos fórceps para cerrar el flujo sanguíneo, seguido de un anudando con catgut fino. La operación se repite en el otro testículo.
b) El cordón espermático es pinzado y se procede a separar los vasos sanguíneos de la túnica vaginal propia y el resto de sus componentes, realizándose el anudado de ambos. Algunos llaman autoligadura a esta variante, aunque el gatito ni quiere, ni puede hacerse el nudo por si mismo.
c) Se realiza una sola incisión para la ablación del testículo y se incide en el septum ínter testicular para extraer el otro, quedando visible una sola incisión.
Cualesquiera de las técnicas empleadas, es conveniente al final tensar la piel del escroto para que el muñón suturado vaya, lo más posible, al fondo del canal inguinal. La herida no se sutura (herida a cielo abierto). Desinfección con alcohol diario y antibióticos parenterales, al menos, por tres días.
La castración de la hembra, pese a ser una de las cirugías más repetitivas en cualquiera parte del mundo, es una operación de riesgo real. Lo puedo asegurar tras cuarenta y tantos años de mi primera ligadura, que es como dicen los cubanos a la ablación del aparato reproductor de la hembra.
La técnica quirúrgica aparece en cualquier tratado de cirugía veterinaria y forma parte de los planes de estudio en cualquier universidad de nuestros días. Entonces, sólo trasmito consejos:
1 - Miles de operaciones sin un percance de muerte durante el acto quirúrgico, bien me pudieran dar una seguridad absoluta. ¡Falso, mil veces falso! Siempre tengo miedo a la anestesia, al fracaso quirúrgico.
2 - Desconfíe de cualquier inhibición respiratoria o vaso sangrante.
3 - Soy tan meticuloso como el primer día y, lo que es más: siempre estoy preparado para lo peor y dar la mala noticia al propietario del contratiempo con todo el honor de haber hecho las cosas bien.
4 – Hacer la intervención en solitario aumenta el riesgo del acto quirúrgico. Hágase acompañar, al menos, de un técnico veterinario adiestrado en cirugía.//
Walfrido López es Doctor en Medicina Veterinaria. Ejerce su profesión como Especialista desde hace 20 años en la Clínica de Animales Afectivos de La Habana. Escribe desde hace muchos años en la revista Bohemia una columna sobre mascotas. Es autor del libro Con mi veterinario. Es un honor y un placer publicar su contribución a nuestra revista.