Discurso pronunciado por Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República, en la clausura de la Conmferencia “Cubanos Residentes en el Exterior contra el Bloqueo y el Terrorismo”.

 La Habana,  21 de marzo de 2008

 

Quiero recordar —como lo he hecho varias veces, recientemente— a un norteamericano, que fue quien más se esforzó por combatir la distorsión, por combatir y la mentira al comienzo de la política agresiva contra Cuba, el profesor Wright Mills. Él publicó un libro en 1960, con un título muy sencillo, Listen Yankee, o sea, Escucha yanki.

Hoy se podría usar la misma expresión, para decir: “Escucha yanki, escucha castellano, escucha francés escucha alemán, escucha mucha gente.”

En ese libro él plantea que había dos Cubas: la real, la verdadera, la que nosotros conocemos, los cubanos que vivimos acá y los cubanos que viven en otras partes, pero la llevan en el corazón; y la otra, la fabricada artificialmente por los medios de comunicación al servicio de una política agresiva contra esa Cuba.

Si hay un área en la que se refleja con toda claridad ese contraste es en la emigración. Si hay quienes han sido manipulados groseramente, distorsionados sistemáticamente, por muchos años, han sido ustedes, queridos compatriotas que viven fuera de Cuba, los emigrantes cubanos.

En estos mismos días se conmemoraba el aniversario de aquella reunión secreta en la Casa Blanca, en que el presidente Eisenhower aprobó el llamado Programa Cuba, que tenía como un elemento fundamental, precisamente, ese: fabricar una oposición adentro de Cuba y fabricar afuera una supuesta organización de exiliados cubanos que le permitiera a la Agencia Central de Inteligencia dirigir, canalizar su respaldo a esa oposición fabricada adentro, ocultando su mano a través de esa supuesta organización exiliada; si algo se puede decir de la política norteamericana, es que no puede ser más inmovilista, más aburridamente repetitiva, porque es exactamente la política hoy, exactamente la misma.

La famosa Ley de Ajuste Cubano, que ha sido mencionada acá, no lo olviden nunca, compatriotas, es una ley con dos filos dirigidos contra la nación cubana aquí adentro y afuera.

No se olviden que los legisladores se tomaron el trabajo de repetir, en cada párrafo de esa ley, la condición principal: los llamados beneficios que la misma daría a quienes llegasen a Estados Unidos estaban condicionados a que lo hubieran hecho el día Primero de Enero de 1959 o después.

¿Qué significaba eso? Ante todo, la discriminación contra quienes eran entonces la mayoría de la emigración y, al mismo tiempo, tratar de emplear ese instrumento legal para socavar la sociedad cubana, ofreciéndoles a los cubanos lo que el imperio no le ha ofrecido ni le ofrece a ninguna otra nacionalidad en el planeta.

Cuánta discusión hay ahora en que le reclaman que se reforme el sistema migratorio, que se ajuste el estatus de millones; hablan de 12 millones, ninguno de ellos cubano, sometidos a las peores vejaciones, maltratos, persecuciones; pero nadie les ajusta su estatus.

No se lo ajustaron, no lo han hecho nunca a ninguno de los cubanos que llegaron allá antes del Primero de Enero de 1959, y eran muchos, y eran muy importantes, hasta el extremo de que en la ley se tomaron el trabajo de aclararlo. No, a los que vinieron antes no; a esos batistianos o ahijados de batistianos, porque hay uno por ahí bastante notorio, que fue “cargadito” por el dictador, y para vergüenza de esa supuesta democracia norteamericana, ese señor y su hermanito, el otro ahijado, son supuestos representantes del pueblo de Estados Unidos, dedicados a perseguir a la nación cubana adentro y afuera, como lo reflejan esas monstruosas restricciones que ustedes con toda justeza han denunciado y condenado.

¿Por qué fue José Martí a Norteamérica a organizar el Partido Revolucionario Cubano, a organizar a los cubanos y a los puertorriqueños para la lucha por la independencia? Por la sencilla razón de que en aquella parte del planeta vivían muchos cubanos, vivieron siempre muchos cubanos, que nunca se beneficiaron por ninguna Ley de Ajuste, que nunca se beneficiaron por ningún programa federal, sino todo lo contrario: fueron perseguidos sistemáticamente, como hizo el presidente Ulises Grant, que los reprimió con saña y los insultó, que les impuso los peores castigos a los emigrados cubanos que intentasen apoyar al movimiento patriótico, a la guerra por la independencia iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, que fue lo que llevó al Padre de la Patria a hacer el descubrimiento fundamental de nuestra historia: “El propósito de Estados Unidos es apoderarse de Cuba, ese es el secreto de su política.”

Eso no lo dijo Fidel Castro —Fidel Castro lo repitió hace poco—, eso lo dijo Carlos Manuel de Céspedes en 1870. ¿Y dónde lo dijo? En uno de sus numerosos mensajes a la emigración cubana, de la que se habla muy poco, como si no hubiera existido; pero que en el siglo XIX fue mucho más importante, más numerosa, más decisiva que en todo el siglo XX.

Recordemos que solo en 10 meses posteriores al 10 de octubre de 1868, según las informaciones oficiales españolas, solo por el puerto de La Habana emigraron hacia Estados Unidos unos 100 000 cubanos, cuando la isla tenía un millón de habitantes. Dejo a ustedes sacar las conclusiones del caso.

¿Cuántos supuestos conocedores de Cuba, cuántos analistas de Cuba se toman el trabajo de pensar que Cuba siempre fue esa realidad, nación de inmigrantes y de emigrantes?, esa es la otra parte oculta. ¿Cuánto tiempo nos costó descubrir que en nuestra comunidad nacional, en nuestra sociedad, había mucha gente esclavizada, discriminada, perseguida, que procedían de Haití y de las otras islas caribeñas, muchas de ellas gente que solo recibieron los derechos a una vida humana, que se les reconociera sus derechos como personas, cuando se produjo aquí el triunfo revolucionario el Primero de Enero de 1959?, antes fueron segregados, ignorados, desconocidos, incluso, como seres humanos.

Los compañeros de mi generación, o los que se tomen el trabajo de ir a la Biblioteca Nacional o ir a los archivos de Bohemia, esa revista tan decisiva en la historia de Cuba, que celebra por estos días su centenario, ahí pueden ver la atención que, incluso, nuestra prensa le dio en los años cuarenta y en los años cincuenta, cuando se producía otra gran ola migratoria de cubanos que iban hacia Estados Unidos a buscar un empleo, a buscar mejores oportunidades —pensaban ellos—, y a afrontar también la discriminación y los vejámenes que esa sociedad reserva para todos los emigrantes, especialmente los latinos.

Quienes tanto hablan siguiendo las instrucciones del gobierno de Estados Unidos, que vienen desde los tiempos de Eisenhower, de ese supuesto “exilio”, de “esa nación” que ha escapado de la isla en busca de la “libertad” y todo el resto de las tonterías que repiten sin sonrojarse, ¿por qué no dedican un parrafito a reclamar los derechos de esos cubanos que fueron hasta 1958 la segunda comunidad de inmigrantes de este Hemisferio en Estados Unidos?

Para eso no tienen que citar el Granma. Para eso les basta buscar los medios oficiales norteamericanos. Si yo digo que los cubanos ocupaban el segundo lugar, solo después de México, por el número de inmigrantes en Estados Unidos es porque estoy citando al Servicio de Inmigración y Naturalización. Ya no se llama así, ahora es parte de ICE, Inmigración y Ciudadanía, pero sigue publicando sus estadísticas anualmente.

Hasta el año 1958 había tres grupos: México, Cuba y después el resto del hemisferio. Ya no pueden hacerlo así. Ahora tienen que poner, por sus nombres y apellidos, uno por uno, a los países de la América Central, a algunos países de la América del Sur y a algunos países caribeños, todos los cuales están por encima de Cuba en el número de inmigrantes en Estados Unidos, a pesar de que ellos no tienen Ley de Ajuste y de que solo respecto a Cuba existe un plan de desestabilización, de atraer, de fomentar, como parte de ese proyecto de destrucción de la Revolución Cubana, usando como instrumento a organizaciones de denominados exiliados y presentando a los emigrantes como si hubieran sido todos ellos supuestos exiliados políticos.

Exiliados y emigrados fueron las decenas de miles de compatriotas que a lo largo del siglo XIX y del siglo XX se vieron forzados a irse allá, pero al hacerlo no rompían con su patria, sino que se la llevaban consigo, y la supieron mantener viva en los peores momentos, en los días más difíciles de nuestras guerras por la independencia, y a todo lo largo del tiempo transcurrido desde entonces.